Unos nacen con estrella, y otros nacen estrellados.
Frases célebres sobre: ell. [Página 162]
Hay un total de 7544 freses célebres sobre "ell" este sitio web. [Página 162]
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Entre todos la mataron y ella sola se murió.
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La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
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De aquellos polvos vienen estos lodos.
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Cada uno habla de la feria según como le va en ella.
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Dios los cría y ellos se juntan.
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Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo
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Cantemos al linaje de aquella que nació de la espuma de las olas; Cantemos al real e inmenso origen de donde partieron, alados, los inmortales deseos.
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Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso, o al menos dudoso, aquello que no desearían que fuese verdadero.
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Pocos son los hombres que saben caminar a la muerte con dignidad, y muchas veces no aquellos de quienes lo esperaríamos. Pocos son los que saben callar y respetar el silencio ajeno.
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Si pudiese encerrar a todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen, que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensa
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Escoge una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido elegirla más bella, pero no mejor.
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Con la buena educación es el hombre una criatura mansa y divina; pero sin ella es el más feroz de los animales. La educación y la enseñanza mejoran a los buenos y hacen buenos a los malos.
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Los que propagan la calumnia y los que escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores, por la lengua, y los oyentes por las orejas.
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La envidia y aún la apariencia de la envidia es una pasión que implica inferioridad dondequiera que ella se encuentre.
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Cuanto más estudiamos la cuestión, tanto más estamos obligados a afirmar que la sociedad, en si, es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella; y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tal
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Todo es bello para el que tiene el alma bella.
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Los malvados no necesitan del castigo de Dios ni de los hombres, porque su vida corrompida y atormentada es para ellos un castigo continuo.
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Hay maridos tan injustos que exigen de sus mujeres una fidelidad que ellos violan. Se parecen a los generales que huyen cobardemente del enemigo, pero sin embargo quieren que sus soldados sostengan el puesto con valor.
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Borra de la ceniza la huella de la marmita...