¿Comenzaba yo a metamorfosearme? Estuve seguro que sí. Ello empezó a inquietarme, a despertar en mí muy serios temores, y creí, en más de una ocasión, no reconocerme del todo al cruzar ante un espejo.
Frases célebres sobre: emo. [Página 206]
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Lloremos, siempre que tengamos necesidad de consuelo.
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Sin Europa, sin unión política y sin democracia, la marcha del mundo se convierte en una fatalidad sobre la cual el pueblo de nuestro continente habrá perdido el poder de pesar. Cada vez que se trata de pesar sobre el futuro del mundo, se encuentra la nec
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El arrepentimiento no es tanto el pesar por el mal que hemos hecho como el temor al mal que puede sobrevenirnos como consecuencia.
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La sinceridad es una efusión del corazón. Muy pocos la tienen; y la que ordinariamente vemos no es sino un refinado disimulo para ganar la confianza de los demás
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Emprenderemos viaje, con el secreto dolor de que no habrá regreso a ninguno de los sitios en que fuimos felices.
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Nosotros somos comunistas y se nos hace fácil el proyecto de repartir los bienes materiales, porque no tenemos nada.
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Lo que le concedemos a la memoria quizá se lo quitamos a la especulación.
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La literatura es un lenguaje de palabras desmemorizadas.
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El lenguaje literario es un lenguaje que ha perdido la memoria colectiva.
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Luchamos contra el infortunio, reanimemos nuestra fe, y esperemos en el porvenir, que si es a veces engañador, y si es imposible conocerlo, el velo que lo oculta está tejido por la mano de la misericordia.
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Lo más admirable de las democracias es la facilidad con la que cualquier persona puede pasar de la crónica policial a la crónica social
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Tenemos más fuerza que voluntad, y a menudo para disculparnos a nosotros mismos suponemos que las cosas son imposibles.
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Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.
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En cierto modo los celos son algo justo y razonable, puesto que tienden a conservar un bien que nos pertenece o que creemos que nos pertenece, mientras que la envidia es un furor que no puede tolerar el bien de los demás.
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El mal que hacemos no nos atrae tanta persecución y tanto odio como nuestras buenas cualidades.
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Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
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El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
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No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices.
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De residuos de teoría construimos el martillo para demoler lo viejo.