Nuestros temores son más numerosos que nuestros peligros, y sufrimos mucho más al sentir temor que en la realidad.
Frases célebres sobre: emo. [Página 383]
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El que abriga vanos temores merece los temores reales.
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Tenemos la obligación de dar ejemplo con nuestra vida y nuestra doctrina, no sea que hayamos de pagar nosotros el castigo de quienes parecen ignorar nuestra religión, y así pecaron por su ceguera. Pero también vosotros debéis oírnos y juzgar con rectitud
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Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz,
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Aunque avergüence decirlo, sólo pensamos en la virtud cuando no tenemos otra cosa que hacer.
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No podemos concebir el amor platónico al margen de la muerte. La posibilidad de su muerte es el gran incentivo de todas esas pasiones.
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En la vida, en el amor, no podemos trascender a convertirnos en la experiencia del ser amado, así que nos tenemos que quedar con lo que del amor somos capaces de experimentar por nosotros mismos.
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Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío, junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo, de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas, sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia.
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Para permanecer jóvenes tenemos que estar permanentemente en estado de curiosidad intelectual.
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Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
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A todos nosotros nos gusta saber cuándo alguien aprecia lo que hacemos por ellos. Nos gusta oír eso con frecuencia, en especial cuando hacemos alguna cosa de la cual realmente nos enorgullecemos... unas pocas palabras de elogio, bien escogidas, sinceras y
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Cuando nos autodescubrimos, cuando nos hacemos conscientes de las actividades del YO en en los cinco centros de la maquina humana y en las cuarenta y nueve regiones subconcientes, entonces despertamos conciencia
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En la percepción de un árbol, podemos distinguir entre el acto de vivir, percibir o, de lo experimentado, o percibido.
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Memoria y olvido son como la vida y la muerte. Vivir es recordar y recordar es vivir. Morir es olvidar y olvidar es morir.
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Y no importa cuán divergentes sean los puntos de vista de los antólogos, si concuerdan en la elección de un mismo poema, podemos estar seguros de que alguna virtud tendrá.
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Hubieras temido ver tu cuerpo sangrante en el éxtasis de aquella ceremonia, el proferimiento de cuyo nombre tan sólo hubiera bastado para hacerte morir de un goce irresistible, de un goce que hubiera trascendido todas las posibilidades de tu cuerpo y que
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La eternidad es lo indemostrable. Es por ello que no tenemos, ni podemos tener la certidumbre en el orden de lo trascendental.
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Cada vez que a verte voy en tu puerta me detengo, pues temo que la alegría me trastorne el pensamiento.
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Hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria.
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Pensemos en las horas en que, abrazados, en la oscuridad, nuestros corazones entristeciéndose al unísono, escuchamos decir al viento lo que es estar fuera, por la noche, en invierno, y lo que es haber sido lo que nosotros hemos sido, y naufraguemos juntos