¡La música ante todo, siempre música!
Frases célebres sobre: empr. [Página 151]
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Un hombre solo es siempre una mala compañía.
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Sueño a menudo un sueño sencillo y penetrante de una mujer ignota que adoro y que me adora, que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora y que las huellas sigue de mi existencia errante.
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No hay que llamar ciencia más que al conjunto de fórmulas que siempre tiene tanto éxito. Todo el resto es literatura.
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Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso.
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La violencia es siempre un acto de debilidad y generalmente la operan quienes se sienten perdidos.
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Un hombre solo siempre está en mala compañía.
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Ciégate para siempre: también la eternidad está llena de ojos.
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Si discutieran la cabeza y el corazón, acabaría por decidir el corazón. La pobre cabeza cede siempre, porque es la más prudente
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Durante tu ausencia, siempre en cosas chiquitas se va el tiempo; en las tiendas y en algunas visitas.
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Para mi, Dylan siempre representó el rock and roll... Nunca pensé en él como cantante de folk ni poeta ni nada. Pensaba que era la persona más sexy desde Elvis Presley... Sexo en el cerebro, ¿sabes? El sexo más absoluto es estar totalmente iluminado y él
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Yo ante la adversidad me crezco y siempre he convivido con la presión de las expectativas. No me da miedo eso
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Sufría del alma y de la ingenuidad del corazón: dos tiranías que abaten siempre al hombre sensible.
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Verdad es que siempre he sido un hombre sin razón de ser.
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El corazón de la madre es el único capital del sentimiento que nunca quiebra, y con el cual se puede contar siempre y en todo tiempo con toda seguridad.
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Las mujeres prefieren siempre a los hombres insignificantes, pues se les parecen.
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Todo lo que hay ha existido siempre. Nada puede surgir de la nada. Y algo que existe, tampoco se puede convertir en nada.
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El infierno es para siempre, y todavía soy una niña. No estoy preparada para arder toda la eternidad.
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La experiencia de la tempestad es siempre abismal. En el intervalo entre el relámpago y el trueno, en cada ocasión tiembla el cuerpo, palpita el corazón.
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Pero no quiero que el día de mañana diga el Gobierno que no quise pacificarme. Para terminar, résteme decir que prometo bajo mi palabra de honor, que no volveré a quemar ni un solo cartucho que vierta sangre de hermano, porque siempre he querido el bien d