¿En qué consiste la ciencia? En conocer a los hombres.
Frases célebres sobre: enci. [Página 277]
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La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
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La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.
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Es hombre quien imponiéndose a su yo se somete a los li costumbres, a la ley de las convenciones sociales.
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Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el reino sea mal gobernado, y se produzca disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar su persona.
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Los hombres se parecen mucho en esencia, pero en la práctica llegan a ser muy distintos.
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Palabras de amable reconvención no pueden menos de agradar al que escucha. Pero la meditación sobre ellas es lo que verdaderamente importa.
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En todos los ritos, la sencillez es mejor que la extravagancia.
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Por naturaleza, los hombres son muy parecidos entre sí. Son el saber y la experiencia lo que los diferencia.
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No se debe desear mandar ni obedecer; porque suele convertirse el mando en tiranía y la obediencia en tedio
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La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
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La libertad sólo puede fijar su residencia en aquellos Estados en que el pueblo tiene el poder supremo.
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Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.
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Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
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Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.
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El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de
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La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.
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Me dejaré morir en tu silencio, que de noche me diste de comer los frutos del cerezo en tu alcoba de sombras sangrantes de perfume y nada más deseo.
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Tuve un amante que ensalzó mis caderas y mi forma de amar intensa y silenciosa...
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Quiero arrancar la máscara de los astros y el tiempo, desentrañar el fuego de la común hoguera de la vida y la muerte, y poseer la esencia, lo absoluto, lo eterno.