Entiéndelo, tengo que comer, pagar facturas, comprarme ropa, echar gasolina... ¡Cerrarte la boca!
Frases célebres sobre: eng. [Página 97]
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Quien ha experimentado a Dios puede describir parte de su vivencia en lenguaje simbólico, pero no puede trasmitir a otra persona lo que ha vivenciado. La mística da lugar al pensamiento, pero no es reducible a él.
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¿Cuánto medís? Tengo que saber de antemano cuánto retroceder para cuando te caigas.
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Nunca tengas miedo del día que no has visto.
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La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.
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Excava el pozo antes de que tengas sed.
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La lengua resiste porque es blanda; los dientes ceden porque son duros.
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Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.
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No hay mal que por bien no venga.
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¡Venganza, compatriotas y muerte a los tiranos!
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No hay forastero que venga de mala gente, ni viejo que no haya sido valiente.
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El ojo del amo engorda el caballo.
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Para escribir este libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador: pensé que mi palabra resultaría tanto más creíble cuanto más objetiva y menos apasionada fuese; sólo
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Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta.
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El perdón es mejor que la venganza.
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No tengas más que una mujer y un amigo. Las fuerzas del cuerpo y del alma no toleran más.
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Los que divulgan la calumnia y los que la escuchan, si valiera mi opinión, deberían ser colgados; los divulgadores, por la lengua, y los oyentes, por las orejas
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Los que propagan la calumnia y los que escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores, por la lengua, y los oyentes por las orejas.
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Hay maridos tan injustos que exigen de sus mujeres una fidelidad que ellos violan. Se parecen a los generales que huyen cobardemente del enemigo, pero sin embargo quieren que sus soldados sostengan el puesto con valor.
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El que engaña con un juramento reconoce que teme a su enemigo, pero piensa poco en Dios.