Inglaterra, alzada en medio del turbulento océano, muy al norte, visita ahora mis sueños adoptando la forma de un buque inmenso, bien comandado, que dominaba los vientos y navegaba orgulloso sobre las olas.
Frases célebres sobre: ent. [Página 966]
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No puedo expresar la alegría que sentí cuándo comprendí las ideas correspondientes a estos sonidos y pude pronunciarlos. Distinguía otras palabras, que ni entendía ni podía emplear, tales como bueno, querido, triste.
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Vagué por la isla como un fantasma, alejado de todo lo que amaba, y entristecido por esta separación.
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El sueño en el cual me sumí me recuperó; y, al despertar, sentí de nuevo como si perteneciera a una raza de seres humanos como yo.
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Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad, y volveré a ser virtuoso.
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Aprende de mí, sino por mis preceptos, al menos por mi ejemplo, lo peligroso que es la adquisición de conocimientos.
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Vigilaré con la astucia de la serpiente, y con su veneno te morderé. ¡Mortal!, te arrepentirás del daño que me has hecho.
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Pero el pensamiento trajo poder y conocimiento y, ataviada con ellos, la raza del hombre asumió dignidad y autoridad.
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No se puede concebir la variedad de sentimientos que me llevaban adelante, como un huracán, con el primer entusiasmo de éxito.
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¡Qué otra cosa sino un mar es la marea de pasión cuyas fuentes se hallan en nuestra propia naturaleza!
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La mera visión del mar solía provocarme las sensaciones que experimenta un cazador cuando oye el griterío de una jauría de perros.
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Sentir amor por otro me colocará en el engranaje de la existencia que llevan los demás, y de la que ahora estoy excluido.
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Las agonías del remordimiento envenena los pequeños placeres que algunas veces produce el exceso de pena.
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¡Cuán fácil es la resignación para el inocente! Pero los culpables no llegan a conocer la paz jamás.
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¡Cuánto debilita el sufrimiento la capacidad de sentir!
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Busca serenamente la felicidad y evita la ambición, aunque ésta sea en apariencia tan inofensiva como la que persigue el camino de la ciencia.
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Tengo sin embargo una gran necesidad que hasta ahora no he podido satisfacer; y que ahora siento como una falla lamentable. No tengo aquí ningún amigo.
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En fin de cuentas, lo que se me proponía era que cambiase mis quimeras, preñadas de infinita grandeza, por realidades que carecían de valor, por lo menos aparentemente.
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Los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes que permitir que quede un culpable sin castigo.
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¡Cuán extraña es la naturaleza del saber! Se aferra a la mente como el musgo a la roca.