Igual que en un sepulcro me he encerrado en tu eterno recuerdo, y en él vivo, la frente entre las manos, pensativo, evocando las glorias del pasado.
Frases célebres sobre: ente. [Página 553]
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Nunca estés enojado. Nunca amenaces. Razona con la gente.
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Las manos que dicen adiós son pájaros que van muriendo lentamente
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Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
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Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
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La duración de nuestras pasiones es tan independiente de nosotros, como la duración de la propia vida.
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Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente.
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No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
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Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujere
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
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Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.
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Un rey está perdido si no rechaza la adulación y si no prefiere a los que dicen audazmente la verdad
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Cuantas más cosas digas, menos se acuerda la gente. A menos palabras, mayor provecho.
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Hay personas que no se habrían enamorado nunca si no se hubieran enterado de la existencia del amor
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Hay poca gente sensata que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
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Los vicios entran en la composición de las virtudes como los venenos en las medicinas. La prudencia los reúne y los combina para utilizarlos beneficiosamente contra los males de la vida.
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Hay ocasiones en la vida en las que para salir airosamente hace falta estar un poco loco
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La moderación es un temor a caer en la envidia y en el desdén que merecen los que se embriagan con su dicha; es una vana ostentación de la fuerza de nuestro ánimo; y finalmente, la moderación de los hombres que se ven muy encumbrados es un deseo de parece
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Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.