Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió
Frases célebres sobre: est. [Página 1407]
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Harta misericordia nos hace a todos los que quiere Su Majestad entendamos que es El, el que está en el Santísimo Sacramento. Mas que le vean descubiertamente y comunicar sus grandezas y dar de sus tesoros, no quiere sino a los que entiende que mucho desea
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El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras.
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El amor mundano apega a esta vida; el amor divino por la otra suspira. Sin ti, Dios eterno, ¿Quien puede vivir?
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Tener gran confianza... Quiere su Majestad y es amigo de ánimas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza e sí.
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Guíe su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino suyos.
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No hay que menester alas para ir a buscar a Dios, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí
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Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos; más no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo
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El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y que se encuentra al alcance de todas las manos.
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Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.
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La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas.
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Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos
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El futuro no está en nuestras manos. No ejercemos poder sobre él. Sólo nos queda actuar, aquí y ahora.
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Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio.
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Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas signos, máquinas... . De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.
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La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del mundo. Es el orden del mundo en sí. O, más bien, es el principio ordenador de este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones.
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Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta separación, es crucifixión.
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Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra; y, estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.
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Nada poseemos en el mundo porque el azar puede quitárnoslo todo, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.
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Nada en el mundo puede quitarnos el poder de decir yo. Nada, salvo la desgracia extrema. Nada hay peor que la extrema desgracia que desde fuera destruye el yo, puesto que luego resulta ya imposible destruírselo uno mismo. ¿Qué les ocurre a aquéllos cuyo y