El miedo es mal maestro para dar lecciones de virtud.
Frases célebres sobre: estr. [Página 157]
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Servid cien veces, negaos una, y nadie se acordará más que de vuestra negativa.
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Entre las miserias de nuestra vida en la tierra, el suicidio constituye el más preciado don que Dios ha concedido al hombre.
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No renunciamos a nuestra facultad de amar lo que nos parezca malo. Amar y odiar, pues solo los que saben odiar saben amar. Solo pedimos una cosa: eliminar todo lo que en la sociedad actual impide el libre desenvolvimiento de estos sentimientos, todo lo qu
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Veamos ahora el desorden, lo que las gentes sensatas llaman desorden. Es la protesta del pueblo contra el innoble orden presente, la protesta para romper las cadenas, destruir los obstáculos y marchar luchando hacia un provenir mejor. El desorden es el ti
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No habléis mal de nadie, ni siquiera de vuestros enemigos.
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No habléis mal de nadie, ni siquiera de nuestros enemigos.
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La fidelidad que debemos a nuestro amigo es una cosa sagrada, que no permite la más leve ironía.
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Para las mujeres es bueno poseer muchos defectos, pues no nos suelen amar por nuestras virtudes.
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La pobreza es un maestro de todas las artes.
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El hábito es el maestro más eficaz.
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En una mano lleva la piedra, y con la otra muestra el pan.
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Debemos buscar para nuestros males otra causa que no sea Dios.
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Es importante tener buenos descendientes, pero la gloria pertenece a nuestros antepasados.
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La perseverancia es invencible. Es por ello que el tiempo. en su acción, destruye y derriba toda potencia
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Lo que más estorba para adquirir un buen amigo es nuestro empeño de tener muchos.
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¡Cuán cierto es que la fortuna está muy fuera del alcance del juicio humano, y que respecto a ella nada sirven nuestros raciocinios!
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A vosotros políticos os hemos formado en interés del Estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra República nuestros jefes y vuestros reyes.
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Buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro
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Las ideas no son perceptibles por nuestros sentidos sino que sólo las había conocido el alma estando separada del cuerpo y que, al unirse a él en el nacimiento, las olvidaba