La primera felicidad de un niño es saber que es amado
Frases célebres sobre: felicidad. [Página 23]
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Débense buscar los amigos como se buscan los buenos libros. Que no está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; antes en que sean pocos, buenos y bien conocidos.
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Escucha mi consejo, compra con un momento de valentía una felicidad de años; goza del presente y olvida que un futuro queda más allá.
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Uno se desahoga de esa manera. Seguro que las de anoche en mi casa fueron de felicidad. Y no como las del domingo cuando me enteré lo qué tenía.
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No hay nada que sea más amenazador que la felicidad, y cada beso que damos puede despertar un enemigo.
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La naturaleza no quiere la felicidad.
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No se tiene más que la felicidad que se puede comprender.
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Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido.
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La felicidad no es más que una opinión
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Sólo se tiene la felicidad que uno puede comprender
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Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad, y volveré a ser virtuoso.
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Busca serenamente la felicidad y evita la ambición, aunque ésta sea en apariencia tan inofensiva como la que persigue el camino de la ciencia.
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Aunque sea sólo un cúmulo de infelicidad, la vida me es querida y la defenderé.
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¿Quién puede estar seguro de un mínimo de felicidad?
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El que se entrega al mal por el mal mismo no actúa por debilidad, sino por fuerza; y de ese modo no lamenta por la mañana los excesos cometidos la noche anterior, sino que se felicita por haberlos cometido. En esta dirección se halla la felicidad, no cabe
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Solamente de nosostros depende nuestra felicidad; ésta no depende sino de nuestra conciencia, y puede ser que un poco de nuestras opiniones, sobre las cuales sólo deben actuar las más seguras inspiraciones de la conciencia.
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Mortal, podrás odiar, pero ¡Ten cuidado! Pasarás tus horas preso de terror y tristeza, y pronto caerá sobre ti el golpe que te ha de robar para siempre la felicidad.
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Cuando la mentira se parece tanto a la verdad, ¿Quién puede creer en la felicidad? Me parece estar andando por el borde de un precipicio, hacia el cual se dirigen miles de seres que intentan arrojarme al vacío.
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Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que ensaya las grandes felicidades.
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Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas. Por ellas se va con la policía a la felicidad.