Al principio tenía bienes el que tenía poder. Ahora tiene poder el que tiene dinero. El dinero es el que pone al espíritu en el trono. La democracia es la perfecta identificación del dinero con la fuerza política.
Frases célebres sobre: fuer. [Página 118]
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La única división natural del hombre es en fuertes y débiles, listos y tontos
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El hombre que nada teme es tan fuerte como el que es temido por todo el mundo.
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La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia
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El estilo egipcio es la expresión de un alma valiente. Su rigor y su gravedad no fueron nunca sentidos ni acentuados por los egipcios mismos. El egipcio lo osaba todo, pero sin decirlo.
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El hombre culto vive hacia dentro; el civilizado, hacia fuera, en el espacio, entre cuerpos y hechos.
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Y no hubo una sola mañana, que se fuera sin algo de lo tuyo.
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El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
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La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.
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Mientras fueres feliz, contarás con numerosos amigos; si el tiempo se nublara, te hallarás solo.
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Siempre tendremos con fuerza a lo prohibido, y deseamos lo que se nos niega.
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El dulce reposo no sólo da vigor al cuerpo, sino también al espíritu, pero el trabajo abrumador va corroyendo las fuerzas de uno y otro
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Nada hay más fuerte que el hábito.
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Los sabios de mayor renombre caminaron en las tinieblas de la ignorancia; fueron, sin embargo, las lumbreras de su tiempo.
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La gota abre la piedra, no por su fuerza sino por su constancia.
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El amor es el anhelo de abrazar a una persona con fuerza y estar en el mismo lugar que ella. El deseo de abrazarla dejando fuera al mundo entero. La nostalgia del alma de encontrar un refugio seguro.
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Si el viajero que se sentaba junto a la ventana no hubiera estado tan cansado del viaje y hubiera prestado un poco más de atención a los enormes copos que descendían del cielo como plumas, quizá hubiera podido sentir la fuerte tormenta de nieve que se ace
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Fuera lucía ese cielo resplandeciente tan característico de Estambul en los días de primavera. En las calles el calor hacía sudar a los estambulíes, que aún no se habían librado de los hábitos del invierno, pero en el interior de las casas, en las tiendas
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Hasta la petición de mano todos los días nos vimos a la misma hora en el edificio Compasión y nos amamos intensamente. De la misma forma que nunca hablábamos de nuestra situación, del hecho de que yo fuera a comprometerme, ni tampoco de qué pasaría con no
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Siento como si la oscuridad de la noche fuera a cubrir la pobreza de la vida, las calles y los objetos, y que, mientras respiramos tranquilos por fin en casa, en nuestros cuartos, en nuestras camas, nos entregaremos a sueños y fantasías hechos de las anti