Volvamos a esos días felices en los que había héroes.
Frases célebres sobre: hab. [Página 229]
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A los quince años se me ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una catorceava parte de mi vida, y los largos años de aburrimiento que aún tenía por delante me parecieron casi insoportables
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Los mejores libros son aquellos cuyos lectores creen que también ellos pudieron haberlos escrito.
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La desgracia del género humano consiste en que el hombre es incapaz de quedarse quieto en una habitación.
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He descubierto que todo el malestar de los hombres deriva de una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación.
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No habiéndose podido lograr que lo justo fuese fuerte, hase hecho que lo fuerte sea lo justo.
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Si todos los hombres supiesen lo que hablan los unos de los otros, no habría cuatro amigos en el mundo.
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Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que también ellos pudieron haberlos escrito.
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¿Quieres que hablen bien de ti? No hables bien de ti mismo.
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El orgullo contrapesa todas las miserias. O bien las ocultas o, si las descubre, se glorifica a sí mismo por haberlas conocido.
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La elocuencia es una pintura del pensamiento, y por esto los que después de haber pintado añaden algo más, hacen un cuadro en lugar de un retrato.
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Todos los infortunios de los hombres derivan una sola cosa: no saber quedarse tranquilos en una habitación. Pensamientos, fragmento 126.
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Aquello que no es raro, encontradlo extraño. Lo que es habitual, halladlo inexplicable. Que lo común os asombre. Que la regla os parezca un abuso. Y allí donde deis con el abuso, ponedle remedio.
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La fe es esto: Dios que habla al corazón, no a la razón
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Cuanto más hablo con los hombres, más admiro a mi perro
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EL que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente. Salmos 91:1
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La mayor parte de las mujeres prefiere que se hable mal de su virtud antes que de su encanto y belleza.
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Cuando empecé a pintar barcos noté que lo hacía con fluidez y alegría, me había encontrado.
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Que todo cristiano, en este Año de la fe, descubra la belleza de haber renacido al amor de Dios y de vivir como verdadero hijo suyo.
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Si los hombres se conviniesen en hacer el aprecio justo de los oficios o ministerios humanos, apenas habría lugar a distinguir en ellos, como atributos separables, la honra y el provecho.