Conozco las memorias de los que nunca habitaron el nacer.
Frases célebres sobre: hab. [Página 3]
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Si la utopía no llega, moriré sin verla. Entonces no habré nacido.
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Me hallé luego de haber incinerado los trajes del engaño.
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Quien más habla suele ser el que menos palabra tiene.
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Todo me habita, excepto yo.
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Algunos ancianos saben la verdad, pero casi nadie habla con ellos.
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Estuve a un paso de lo infinito. Y por no haber dado un paso más, ahora doy infinitos pasos.
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Cuando sólo nos habitan los recuerdos comenzamos a envejecer.
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Tiemblo ausencias. No hay nada que no habite un cuenco.
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Moriré por todo. Cuando muera, todo habrá sido un sueño.
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No saber decir nada y perecer habiendo hecho todo.
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Entender que no había nada que me dejara en el lugar que me hiciste.
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Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez.
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Durante toda mi vida, y especialmente después de ganar el título de campeón, decían que era enemigo de los soviéticos. Eso me dolía profundamente y me impedía el contacto con el país en el que había nacido y al que nunca he dejado de querer.
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Ya habéis visto los duros epítetos que los órganos del gobierno han arrojado sobre esta manifestación. Se ríen de los derechos políticos, de las elevadas doctrinas, de los grandes ideales, befan a los líricos, a los retardatarios que vienen con sus diside
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No hay, no puede haber buenas finanzas, donde no hay buena política. Buena política quiere decir, respeto a los derechos; buena política quiere decir, aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir, protección a las indust
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Me creo relevado de analizar la justicia y la legitimidad de la revolución como recurso superior de las sociedades, cuando atraviesan por la situación a que habían llevado a la nuestra sus malos mandatarios.
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La revolución, señores, era inevitable desde que todos los resortes constitucionales, todos los medios de reparación, que constituyen los derechos y las libertades del pueblo, habían sido aniquilados y desconocidos por sus gobernantes.
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La revolución debió estallar en casi la totalidad de la república; pero halagado por la idea de que triunfara sin la más mínima efusión de sangre, si fuera posible, habíamos preferido que solo aquí tuviera lugar, creyendo que la situación que alcanzara de
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Yo, señores, me congratulo íntimamente de haber contribuído a que el pueblo argentino se halla levantado unísono con la energía y vitalidad de su carácter a protestar, como corresponde, de sus oprobiosos mandatarios, quedando de hoy en más de pie, firme y