Los hijos se convierten para los padres, según la educación que reciban, en una recompensa o en un castigo.
Frases célebres sobre: hijo. [Página 33]
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Lo que un padre dice a sus hijos no lo oye el mundo, pero puede ser oído por la posteridad.
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Los hijos quizá serían más amados por su padres y recíprocamente éstos de aquellos, si no existiese la palabra heredero.
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Hay padres tan antinaturales que toda su vida parece estar consagrada a dar motivos a sus hijos para que se consuelen de su muerte.
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El mejor control de natalidad sería que las mujeres pusieran huevos. Que quieres tener un hijo, se incuba; que no se quiere tener, te haces un huevo frito.
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Su consejo a todos los irlandeses era: permaneced en la tierra que os vio nacer y trabajad por Irlanda y vivid por Irlanda. Irlanda, dijo Pamell, no podía prescindir de uno solo de sus hijos.
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La joven vida respira sobre el cristal, el mundo que no era viene para irse, un niño duerme, un viejo se marcha, oh padre renegado, perdona a tu hijo.
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Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos y las hijas de las ansias de vida que siente la misma vida.
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Madre, tu hijo no ha desaparecido. Madre, que yo lo encontré andando contigo. Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca, y en cada gesto tuyo me nombra.
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Es que yo no puedo ver a esos de las bandas. Esos son más rojos que un pavo, los hijos de puta...
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Los hijos aprenden poco de las palabras; sólo sirven tus actos y la coherencia de éstos con las palabras
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A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor
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El azote, hijo mío, se inventó para castigar afrentando al racional y para avivar la pereza del bruto que carece de razón; pero no para el niño decente y de vergüenza que sabe lo que le importa hacer y lo que nunca debe ejecutar, no amedrentado por el rig
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Muy bueno y muy justo es que los hombres amen a sus mujeres y que les den gusto en todo cuanto no se oponga a la razón; pero no que las contemplen tanto que, por no disgustarlas, atropellen con la justicia, exponiéndose ellos y exponiendo a sus hijos a re
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¿A quién no le gustan sus hijos por feos que sean?
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Es gana, hijo; los pobres no debemos ser escritores, ni emprender ninguna tarea que cueste dinero.
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¡Oh, si siempre los hijos siguieran constantemente los buenos ejemplos de sus padres!
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Señores, es un torpeza pretender que en nosotros se corrija un vicio que ha crecido con la edad. Lo seguro es instruir a nuestra juventud en el modo de andar derechos, para que enmendando ellos este despilfarro enseñen después a sus hijos y se logre deste
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Es la mayor simpleza de muchos padres pretender tener a pura fuerza un hijo letrado o eclesiástico, aun cuando no sea de su vocación tal carrera ni tenga talento a propósito para las letras; causa funesta, cuyos perniciosos efectos se lloran diariamente e
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Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios