El amor es un maldito fastidio, especialmente cuando también está unido a la lujuria.
Frases célebres de James Joyce.
James Augustine Aloysius Joyce . Escritor irlandés, autor de Dubliners, Ulises (1922), entre otras obras.
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He puesto tantos enigmas y acertijos que la novela mantendrá ocupados a los profesores durante siglos, discutiendo acerca de lo que quise decir. Esa es la única forma de asegurarse la inmortalidad.
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History, said Stephen, is a nightmare from which I am trying to awake.
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Los genios no cometen errores. Sus errores son siempre voluntarios y originan algún descubrimiento.
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Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices.
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Mi niñez se inclina a mi lado. Demasiado lejos para que yo apoye una mano en ella por una vez ligeramente.
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No hay herejía ni filosofía tan odiosa para la Iglesia como el ser humano.
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Todo es demasiado caro cuando no se necesita.
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Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema.
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¿Cuál es la razón de que palabras como éstas me resulten tan torpes y tan frías? ¿Será que no hay palabra lo suficientemente tierna para describirte?
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No hay pasado ni futuro, todo fluye en un eterno presente
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Todas las cosas son inconstantes, excepto la fe en el alma, que cambia todas las cosas y llena de luz
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Sólo habría podido decirte: eres mi amigo, mi buen y querido amigo. Lo siento mucho, pero estoy enamorado de ella. Con un repentino gesto de fervor La amo y te la voy a arrebatar como sea, porque la amo.
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Me has hecho confesar los miedos que siento. Pero te voy a decir ahora cuáles son las cosas que no me dan miedo. No me da miedo de estar solo, ni de ser pospuesto a otro, ni de abandonar lo que tenga que abandonar, sea lo que sea. No me da miedo el comete
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Tú pretendes meterme esa idea en la cabeza, pero te advierto que yo no tomo mis ideas de los demás
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La irresponsabilidad es parte del placer del arte. Es la parte que las escuelas no saben reconocer
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Las acciones de los hombres son las mejores intérpretes de sus pensamientos
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Los colores dependen de la luz que uno ve.
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¿Por qué me diste esperanzas? Día tras día, más y más. ¿Por qué no me detuviste? Lo podías haber hecho...Con una sola palabra. ¡Pero ni una palabra! Yo me olvidé de mí mismo y de él. Tú lo veías. Veías que estaba destruyéndome ante tus ojos, perdiendo su
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Los astutos juncos susurran un nombre a la noche, el nombre de ella, y toda mi alma es una delicia, vergüenza que se desmaya.