Los hombres envejecen, pero no maduran.
Frases célebres sobre: homb. [Página 289]
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No tengo ninguna estima por el hombre que a los veinte años no ha sido nacionalista o comunista.
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Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de sí mismo es una lágrima.
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Es verdad que no me quiero apuntar al ejército o manejar un torno en fábricas de repuestos. De todos modos, soy miope y psicópata. América, trataré de arrimar mi hombro de maricón.
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En Oriente la mujer no suele ver al hombre antes de casarse. En Occidente, después.
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No hay peores tiranos que los esclavos, ni hombres más soberbios que los salidos de la nada.
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La experiencia es la única profeta de los hombres sabios.
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El hombre no puede crear sin destruir simultáneamente.
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Deberíamos esforzarnos en la producción de artículos sencillos, buenos, sin decoración, pero artículos que estuvieran en armonía con el ser humano y que se adaptasen orgánicamente al hombre de la calle.
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La forma es un misterio que no conocemos en realidad, pero que proporciona al hombre una sensación totalmente diferente a la de un acto de liberación social como tal.
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Nuestro crimen es ser hombres y querer conocer.
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El hombre es un dios caído que se acuerda del cielo.
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Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria
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La vida de los hombre no se puede manchar por presunciones que no reposan en el conocimiento de la verdad*
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El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses, decían los antiguos
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Todo hombre es como un cheque en blanco firmado por Dios. Nosotros mismos escribimos en él la cifra de su valor con nuestro merecimiento
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El hombre, desde que nace hasta que muere, es una máquina de romper juguetes
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Jamás se me había ocurrido que la enfermedad mental podía tener una faceta de poder, poder. Te das cuenta: es posible que cuanto más loco esté un hombre, mayor poder pueda adquirir. Hitler sería un ejemplo. Increíble, ¿Verdad? Buena materia de reflexión.
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Tenía los hombros, los senos y las caderas demasiado anchos y su sonrisa era demasiado franca y abierta para poder considerarla hermosa, pero era bonita, se la veía sana y llevaba colgada de un largo dedo el asa de una garrafa de vino tinto que balanceaba
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Entonces, se produjo un cambio de marea en el otro lado. A la derecha, donde luchaban los hombres a caballo, dio la impresión de que el ejército del rey retrocedía. La retirada llegó a convertirse en descarada huida. Fueron muchos los hombres del rey que