El dinero huele bien venga de donde venga.
Frases célebres sobre: hue. [Página 11]
Hay un total de 460 freses célebres sobre "hue" este sitio web. [Página 11]
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¿Qué animal es ese que tanto quieres? -Es Toto, mi perro. ¿Es de hojalata o está relleno de paja? -Ninguna de las dos cosas. Es un...Un...Perro de carne y hueso. ¡Vaya! Es un animalito raro y, ahora que lo miro bien, bastante pequeño. Sólo a un cobarde co
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Almita mía, vagabunda y juguetona, huesped y compañera del cuerpo, ¿adónde irás ahora pálida, fría, desnudita, privada de tus acostumbrados solaces?
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Una gallina -dijo Butler- es simplemente el modo en que un huevo hace otro huevo. Es una de las verdades más profundas de la biología y nunca ha sido mejor dicha.
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Los padres son los huesos con los que los hijos afilan sus dientes.
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Frecuentemente hallé el dolor: vivir era el riachuelo estertoroso, agónico; la llama retorciéndose en la pira; el cabello en la ruta, inútil, roto.
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Al teatro español le huelen los pies.
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No estoy con nadie, en ningún sitio, no soy de mi país y puede que tampoco del mundo. Aunque muchos me rodeen, sigo estando solo; por eso los huecos que dejó la muerte en mi vida no aportaron a mi alma un nuevo estado de ánimo, sino que acentuaron ese est
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Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio
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Su pálida frente es un mapa confuso: la abultan montañas de hueso, que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso de todos los siglos del tiempo difuso.
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Por más que me caiga en una cloaca, me levanto y huelo a rosas mi amor
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La palabra DIVA me huele a naftalina
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Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
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No es por el huevo, sino por el fuero.
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Cada mochuelo a su olivo.
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Perro con hueso en la boca, ni muerde ni ladra.
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Si pudiese encerrar a todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen, que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensa
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Borra de la ceniza la huella de la marmita...
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Se va el tiempo, mi amiga... Mas no es cierto: somos nosotros ¡ay! Los que nos vamos. Ni de ti ni de mí quedará huella. Y cuando tú estés muerta y yo esté muerto, nada habrá de este amor de que hoy hablo ámame, entonces, mientras eres bella.
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Por mucho que hubiera sufrido, lo mantenía oculto tras una de esas caras huesudas e inexpresivas que, por otro lado, no esconden nada y revelan una soledad inmensa.