El que no ama es desgraciado, y desgraciado el enamorado.
Frases célebres de Pierre de Ronsard.
Pierre de Ronsard fue un escritor y poeta francés del siglo XVI. Se le conoció como «el príncipe de los poetas» de Francia. Considerado el Garcilaso del Renacimiento galo, formado por la llamada «Pléyade»
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Así pues, si no me créeis, bella, mientras vuestra edad florezca en su novedad más verde, recolectad, recolectad vuestra juventud: al igual que le sucede a esta flor la vejez hará que vuestra belleza decaiga.
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¡ Ay ! el tiempo, no, pero nos vamos, y pronto estaremos extendidos en la cuchilla.
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¡Vivid! Creedme, no esperéis a mañana, recolectad desde hoy las rosas de la vida.
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Cuando seáis vieja, por la noche con las velas, sentada cerca del fuego, devanando e hilando, diréis, mientras cantáis maravillándoos mis versos, Ronsard me alababa en los tiempos en que era bella.
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Que paso a paso nos sigue la inoportuna vejez, y que Amor y flores sólo duran una primavera.
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Es un placer repleto de tristeza, es un tormento ornado de alegría, un desespero donde siempre se espera, un esperar que siempre desespera.
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Se va el tiempo, mi amiga... Mas no es cierto: somos nosotros ¡ay! Los que nos vamos. Ni de ti ni de mí quedará huella. Y cuando tú estés muerta y yo esté muerto, nada habrá de este amor de que hoy hablo ámame, entonces, mientras eres bella.
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Si tú me crees, ten cuidado: el arrepentimiento llega tarde.
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El que sabe conocerse a sí mismo es dueño de sí
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Vivid, creedme, no esperéis a mañana. Coged hoy las rosas de la vida
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Florece hoy lo que mañana se marchitará, se marchita hoy lo que mañana florecerá
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El tiempo se va, el tiempo se va, señora, no el tiempo, sino nosotros nos vamos...
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Pasan las horas, fúganse vacías... Por qué no darme en flor vuestra hermosura?
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De nuestro amor, del que tanto hablamos ahora, cuando hayamos muerto no quedará nada; por tanto, ámame ahora, mientras todavía eres bella.
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El tesoro del hombre es su verde juventud; el resto de la vida es invierno y senectud.
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Ante mis ojos siempre estás presente. Tu amor, ardiendo, el corazón me llena.
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¡No volverá la juventud ligera! Coge ávida el placer que ella te ofrece y sin amar no mueras, niña hermosa.
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Es una paz sin duración apenas, es una guerra de combate extremado, en donde el vencido recibe toda gloria, y el vencedor no obtiene la victoria.
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¡Que se rompa el espejo en que se mira llenándose de orgullo tu hermosura!