Los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever.
Frases célebres sobre: ida. [Página 649]
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El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
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La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.
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La humanidad se toma a sí misma demasiado en serio. Este y no otro es el pecado original.
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La perversidad es un mito inventado por la buena gente para justificar el peculiar atractivo de otros.
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Los hombres se casan porque están cansados, las mujeres por curiosidad: ambos sufren una decepción.
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El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte.
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El que vive más de una vida debe morir más de una muerte.
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Olvida que deberías haber sido recompensado ayer y no lo fuiste. ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni esperes nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.
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Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa
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No busques la felicidad: la vida es breve como un suspiro.
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¡La vida pasa, rápida caravana! Detén tu montura y procura ser feliz
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Mientras que para la sociedad no existe mayor pecado que la vida contemplativa, los más cultos opinan que la contemplación es la ocupación natural del hombre.
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Las tragedias de los otros son siempre de una banalidad exasperante.
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Si no podéis disfrutar leyendo un libro repetidas veces, de nada sirve leerlo una sola vez
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Ouida amaba a Lord Lytton con un amor que convirtió la vida de él en un infierno.
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Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad.
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Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve.
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En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
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Las leyes yacen vencidas bajo la espada guerrera