Quien se crea un sabio no es más que un impostor.
Frases célebres sobre: impostor.
Hay un total de 15 freses célebres sobre "impostor" este sitio web.
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Nadie puede ser esclavo y menos de señores, porque amará a uno y odiará al otro; además, fuera de Dios, cualquier otro es un impostor.
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...los impostores no necesitan estudiar mucho las causas naturales, sino que les basta con servirse de la común ignoracia, estupidez y superstición de la humanidad,...
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Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia.
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El amor y la muerte se parecen: cuando estamos perdidos acudimos a ellos. El impostor
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Es cierto que los niños de corta edad siempre me parecen dementes; los diálogos, los juegos que practican, las palabras que profieren son indudables ejemplos de locura. Atravesar la infancia es una severa prueba para la razón El impostor
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Propio de la condición humana es la enfermedad de creer a los demás impostores e impíos, no a nosotros mismos, porque nadie reconoce sus propios errores...
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Todo el que aspira a avasallar a sus semejantes, se ve obligado a ser impostor y sanguinario.
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Pero era en exceso prudente para revelar el motivo de sus recelos. Consideró que desenmascarar al impostor no sería cosa fácil, dado que la gente estaba tan predispuesta en su favor. Y como tenía muy pocos amigos, le parecía peligroso hacerse un enemigo t
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El hombre que conoce la verdad está más allá del bien y del mal. El hombre que conoce la verdad ha comprendido que la ilusión es la realidad única y que la sustancia es la gran impostora
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El éxito y el fracaso son dos impostores
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Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.
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Gente sin swing, son como halcones. Pueden fingir hasta que llores, pero mi amor, son impostores. Y aunque te inviten su mesa, no estarán de tu lado. Y aunque lo juren y prometan, no estarán de tu lado.
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La victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén.
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Como alma noble, no conocía la ley de la causa, según la cual el hombre se conduce en la vida privada de distinto modo que en su vida profesional. No sabía que los políticos, después de haberse llamado mutuamente en la sala de juntas canallas e impostores