Mis obras de valor, si es que valen, las crearé entre los cincuenta y los setenta años.
Frases célebres sobre: len. [Página 178]
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La Niña a quien dijo el Ángel que estaba de gracia llena, cuando de ser de Dios madre le trujo tan altas nuevas
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No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia.
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El pensar en él llena toda mi vida. Si el mundo desapareciera y él se salvara, yo seguiría viviendo, pero si desapareciera él y lo demás continuara igual, yo no podría vivir.
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La traición y la violencia es exponerse a emplear un arma de dos filos con la que puede herirse el mismo que las maneja.
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La traición y la violencia son armas de dos filos que hieren a quienes las emplean más que a sus enemigos.
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Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de sa
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El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia.
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Mi idea del atractivo femenino camina por la vereda de enfrente de la plena exposición. Seduce mucho mejor una insinuación que una aparatosa muestra gratuita del físico.
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No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas lo cual vale más que tratar de llenarlas.
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El crimen en plena gloria consolida la autoridad por el miedo sagrado que inspira.
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La mentira es una forma de talento.
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Basta con que escuches en silencio y lo oirás todo. No existen ni verdad ni error, ni objeto ni figuración.
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No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.
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El talento no se enseña, crece en el sentido que le place.
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No soy más que un convencido soldado de lo verdadero. Si me equivoco, mis juicios están aquí, impresos, y dentro de cincuenta años se me juzgará a mí, se me podrá acusar de injusticia, de ceguera, de violencia inútil. Acepto el veredicto del porvenir.
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No quiero hacer elegías, no quiero conmover vuestros corazones; sé muy bien que los corazones de los legisladores suelen ser corazones de piedra.
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La vida de un día no satisface ese anhelo de vivir; el amor de un instante no puede llenar los deseos de este corazón inquieto.
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Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo
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Dios es el gran silencio del infinito. El mundo entero habla de Él y para Él. Nada de lo que se diga lo representa tan bien como su silencio y su calma eterna.