La verdad se difunde a paso de tortuga, el rumor se esparce con la velocidad de una liebre
Frases célebres sobre: lie. [Página 24]
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Toma, aquí lo tienes -contestó el soldado-, te puede servir, aunque no creo que valiera mucho para defender el castillo. Ya te contaré una buena historia de este trabuco.
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Quien piense que el cliente no es importante debería intentar trabajar sin él durante un período de noventa días.
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Cuando más logra usted aumentar el miedo a las drogas y el crimen, las madres desamparadas, los inmigrantes y alienados, más controla a toda la gente.
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La vida es una carrera de largo alcance y aliento.
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¿Qué hace sobresaliente a un ser humano? Propósito, inteligencia, determinación y pasión.
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Fue un hombre valiente el primero en comerse una ostra.
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Siempre que alguien te dice cómo tienes que actuar el aliento le huele a whisky.
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La amistad más profunda y exquisita se siente a menudo herida por el pliegue de un pétalo de rosa
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Entre los hombres como en cualquier otra especie animal hay un exceso de enfermos, de degenerados, de débiles, de dolientes; los sanos constituyen una excepción.
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Contra la poesía de las nubes nosotros oponemos la poesía de la tierra firme, cabeza fría, corazón caliente.
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El valiente mira al peligro, el temerario lo busca, el loco no lo puede ver.
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Los nombres son lo primero que desaparece cuando se extingue el aliento y el corazón deja de latir. Los recuerdos permanecen en nosotros más que los nombres.
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Pídele a tu madre que te prepare un gran tazón de chocolate bien caliente y que luego te dé gran abrazo. No hay nada como el chocolate caliente y un abrazo para espantar las pesadillas.
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El hombre valiente no es el que no siente miedo sino el que es capaz de dominarlo.
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No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo.
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¿Y cómo te gustaría que te recordaran? Como alguien que quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre.
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El dolor, la amargura, las sombras el aliento en huida, la muerte luego la luz que de repente vino y tú fuiste marcando sus aristas celestes ante el asombro alegre de mis ojos.
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La multitud de clientes grita en tu honor tan inmenso bravo, Pomponio, porque tu cena es elocuente, no tú.
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Todo el mundo aspira a la perfección le dijo el hombre. En uno mismo. Y que nos indiquen los pasos que se deben seguir intervino la mujer. Con una simple orden prosiguió el hombre. Con palabras de aliento. Y una actitud positiva concluyó la mujer.