Y al llegar el final, tendrán su premio, nadie los nombrará, serán lo anónimo, pero ninguna tumba guardará su canto.
Frases célebres sobre: lle. [Página 169]
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El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas.
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Los sentimientos de culpa son muy repetitivos, se repiten tanto en la mente humana que llega un punto en que te aburres de ellos.
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Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Soy un hombre feliz por tener una profesión que me permite viajar tanto. Y también puedo hablar de fortuna al decir que soy pianista. Un gran instrumento el piano, lo suficientemente grande para no poder llevárselo. En lugar de practicar puedo leer, comer
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Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.
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Me siento libre cuando puedo renunciar a lo que soy, a cambio de lo que puedo llegar a ser
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Temple de acero, rectitud de espada, Arthur Conan Doyle, caballero patriota, médico y hombre de letras.
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El mundo está lleno de cosas obvias que nadie por casualidad observa jamás.
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No puedo cocinar, no puedo cantar, no puedo hacer vestidos, entonces, a los muelles. Pero si pudiera cocinar, si pudiera cantar, si pudiera hacer vestidos, no estaría en los muelles. Estaría en otro lado. Estaría en un negocio de ropa.
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Ese veintitrés de diciembre un cajón de whisky escocés se cayó mientras lo descargaban, como suele ocurrir con un cajón de whisky escocés que se descarga un veintitrés de diciembre en el muelle cuarenta y uno.
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¡La liberarás...Cuando llegues a comprender que yo seré tu mujer única o no seré tu mujer!
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La estructura de una obra es siempre la historia de cómo las aves llegan a su casa volando.
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Mediante la poesía llegar a lo desconocido.
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Son los conquistadores del mundo buscando la fortuna química personal; el sport y el confort viajan con ellos; llevan la educación de las razas, las clases y las bestias, en ese navío.
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La honestidad de la medicina me llena de dolor.
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Hasta cuando se encuentran en la calle, las mujeres se miran una a otras como guelfos y gibelinos.
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Lo que se opone más al hallazgo de la verdad no es la falsa apariencia que surge de las cosas, llevando al error, ni tampoco inmediatamente la debilidad de la inteligencia, sino la opinión presupuesta, el prejuicio que se impone como impedimento a priori
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En los pequeños detalles y cuando se está desprevenido es cuando el hombre pone de manifiesto su carácter
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Nuestro mayor placer consiste en que se nos admire, y los demás no se prestan sino muy difícilmente a admirarnos, aunque su admiración nos parezca siempre justificada. Así resulta que el hombre más feliz es el que, no importa cómo, llega a admirarse since