Existen mujeres casadas que tienen una angustiosa inquietud por realizar labores fuera de su ámbito familiar con detrimento de sus obligaciones de esposas y madres
Frases célebres sobre: madres. [Página 3]
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Todas las madres dan el ser. Pero algunas mucho más.
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A la mañana siguiente Andrea acaba transigiendo, después de consultar su maldito libro de criar niños, donde dice a qué hora exacta deben despertarse y cuándo han de tener hambre ¡Como si eso no lo supieran de siempre las madres que no saben leer!
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La victoria tiene muchas madres y la derrota es huérfana
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Las madres adoran más a sus hijos que los padres, porque recuerdan el dolor con el que los han traído al mundo y están más seguras de que son suyos.
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En nuestra región eclesiástica hay presbiteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio. Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo d
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Todas las mujeres llegan a ser como sus madres; ésa es su tragedia.
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Cuando más logra usted aumentar el miedo a las drogas y el crimen, las madres desamparadas, los inmigrantes y alienados, más controla a toda la gente.
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Los principios son claros y explícitos. El libre mercado está bien para el tercer mundo y su creciente contraparte en nuestro país. A las madres con chicos a cargo puede instruírselas firmemente acerca de la necesidad de la autosuficiencia, pero no a los
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Creo que siempre o casi siempre en la infancia la madre representa a la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido
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Antes las madres eran un disco rallao, ¡Anda, pasa-pasa-pasa-pasa! ahora son un disco de Vinilo atascado, ¡Anda, pasa que te-que te- que te- que te...!
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Y mañana seguirán con fuego en los pies quemando olvido, silencio y perdón, van saltando todos los charcos del dolor que sangró, desparramando fe, las madres del amor.
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Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo
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Las madres perdonan siempre: han venido al mundo para eso.
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Todos tenemos orígenes comunes: las madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.
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Nuestras almas son como esos huérfanos cuyas madres solteras murieron al parirles: el secreto de nuestra paternidad yace en su tumba, y tenemos que ir a ella para saberlo.
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Sí, mis queridas madres, sabemos que por mucho que hagáis siempre hay más que hacer. Es verdad que vuestra tarea nunca se acaba. ¿De quién será, me pregunto? ¿Quién descansa el séptimo día, no siendo Dios? ¿Quién contempla su obra, cuando está terminada,
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No hablo al Presidente de la República, a quien no conozco, ni al político, del que desconfío; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de razón, a quien creo imposible no conmuevan alguna vez aunque sea un instante las angustias de las madres, los s
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¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres?
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Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra