La divisa que he adoptado justifica mis digresiones y los comentarios que hago, tal vez con demasiada frecuencia; sobre mis hazañas de todo tipo.
Frases célebres sobre: men. [Página 67]
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Dado que las verdaderas virtudes no son más que hábitos, me atrevo a decir que los verdaderos virtuosos son aquellos que las practican sin el menor esfuerzo. Estos no tienen en absoluto la idea de la intolerancia, y para ellos es para quienes he escrito.
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Mis éxitos y mis fracasos, lo bueno y lo malo que he experimentado, todo me ha demostrado que este mundo, tanto físico como moral, el bien sale siempre del mal, igual que el mal del bien.
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Ante la obligación de decir también algo sobre mi carácter y mi temperamento, el más indulgente de mis lectores no será ni el menos sincero ni el más falto de ingenio.
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El temperamente sanguíneo me hizo muy sensible a los atractivos de la voluptuosidad; estaba siempre alegre y siempre dispuesto a pasar de un goce a otro nuevo, siendo, al mismo tiempo, muy ingenioso para inventarlos.
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Reconociendo que durante toda mi vida he actuado más a impulsos de los sentimientos que obedeciendo al resultado de mis reflexiones, he creído reconocer que mi conducta ha dependido más de mi carácter que de mi razón, que habitualmente han sido opuestos,
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Verán que he amado siempre la verdad con tal pasión, que muchas veces he comenzado mintiendo con el fin de llegar a introducirla en cerebros que desconocían sus encantos.
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Si uno no dice una mentira un número suficiente de veces, uno termina por creerla.
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Dios deja de ser Dios solamente para los que puedan admitir la posibilidad de su no-existencia, y ese concepto es en sí mismo el castigo más severo que pueden sufrir.
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En cuanto a mi porvenir, nunca he querido preocuparme filosóficamente, porque no sé nada de él; y porque, como cristiano, considero que la fe debe creer sin razonar, y que la más pura guarda un profundo silencio.
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Dios no puede exigir a sus criaturas sino la práctica de las virtudes cuyo germen Él ha colocado en su alma, y no nos ha dado nada cuyo fin no sea hacernos felices: amor propio, ambición de alabanzas, sentimiento de emulación, fuerza, valor, y una faculta
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He tenido amigos que han actuado amablemente hacia mí, y ha sido mi buena fortuna causante de tener el poder de darles pruebas substanciales de mi gratitud.
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Recordando los placeres que he tenido anteriormente, los renuevo, gozo de ellos una segunda vez, mientras que me río de los problemas ahora pasados, de los cuales no siento nada más.
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Estaba locamente enamorado de ella pero nunca se lo dije, siempre me arrepenti de no haberselo dicho pero, si lo hubiera hecho, no hubiera gozado de ciertos favores.
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Si sintiera después de mi muerte, no dudaría ya de nada; pero desmentiré a todos los que me vengan a decir que he muerto. **Prefacio de Historia de mi vida.
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Los hombres tienen el espíritu limitado por muchas preocupaciones, mientras que las mujeres, aunque ignorantes, son generalmente vivarachas y graciosas. Pero unos y otras se hallan animados de deseos, de pasiones, tan vivas como el aire que respiran, tan
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Mayor razón hay para que los defectos y costumbres incultas y moderadas que en estas nuestras indianas gentes halláremos nos maravillen y, por ellas, las menospreciemos, pues no solamente muchas y aún todas las repúblicas fueron muy más perversas, irracio
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La letra con sangre entra... pero con sangre del maestro. Si bien esta frase -según acredita Carmen Díaz Castañón en su libro Alejandro Casona. Oviedo: Biblioteca Caja de Ahorros de Asturias, 1990, página 106- la pronunció Casona, este principio pedagógic
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El buen maestro no se limita a decir a la juventud lo que hay que hacer: lo hace delante de ella, como el pájaro-madre vuela para enseñar a volar. Citado en Carmen Díaz Castañón, Alejandro Casona. Oviedo: Biblioteca Caja de Ahorros de Asturias, 1990, pági
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Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados.