Conciencia y cobardía son la misma cosa, solo que conciencia es el nombre comercial.
Frases célebres sobre: mer. [Página 137]
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¿Por qué vendes tu vino, mercader?
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Pues si todo lo tienes en el vino, dime, mercader, ¿por qué lo vendes?
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Hay dos tipos de hombres dijo Ka con tono pedagógico. Los primeros, antes de enamorarse, tienen que saber cómo la mujer se come un bocadillo, cómo se peina, qué tonterías le preocupan, por qué se enfada con su padre y todas las historias y leyendas que
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Una vez que sientes una confianza así en tu interior, haces lo primero que se te ocurre y lo que te dicta tu corazón y todo sale bien.
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La fealdad quedó instaurada por primera vez en el arte al ser exhibido el primer retrato del hombre.
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En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado.
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Hay algo terriblemente trágico acerca del gran número de jóvenes en Inglaterra que actualmente empiezan una vida con perfiles perfectos y terminan adoptando una profesión útil.
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El hombre que se ocupa de su pasado no merece tener un porvenir.
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El primer deber de un crítico de arte es tener la boca callada en todo momento y bajo cualquier circunstancia.
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Sólo las cosas sagradas merecen ser alcanzadas.
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¡Odio la televisión! ¡La odio tanto como los cacahuates! Pero no puedo dejar de comer cacahuates.
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Los niños eran las primeras víctimas de la inmoralidad que conllevaba el desplome de las grandes civilizaciones y el derrumbe de las memorias.
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La única forma de vivir en la memoria de las clases comerciales es nunca pagando las deudas.
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La primera obligación en la vida es ser tan artificial como se pueda. La segunda obligación hasta ahora no ha sido descubierta.
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La primera cosa que hago en la mañana es tomar mi cepillo de dientes y afinarme mi lengua.
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Los soñadores siempre parecían creer que su sueño merece el precio que pagarán los demás. También se engañan a sí mismos diciendo que controlarán el mal que usarán para hacer cumplir su sueño.
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A los jóvenes lectores hay que darles primero algo que puedan amar, y una vez que lo amen, entonces pueden aprender cómo es la literatura.
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Tal vez él crea que soy un buen hombre que merece su confianza, pero sé que sólo merezco confianza hasta que creo que con ello no conseguiré lo que quiero.
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La envidia que habla y que grita es siempre inhábil; se debe temer bastante en cambio la que calla.