Adoro usar joyas, pero no porque sean mías. No puedes poseer resplandor, sólo puedes admirarlo.
Frases célebres sobre: mías. [Página 2]
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Ser el dulce que acompaña, ser palabra solidaria, ir cambiándote las dudas por caricias de las mías.
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Las autonomías han creado 17 nuevos centralismos y en pocos años, el Estado español puede limitarse a administrar el Museo del Prado.
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¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?
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¿No se adhiere usted a ningún partido? No, quiero seguir pudiendo despreciar a todos los sinvergüenzas, y especialmente a los de ideas parecidas a las mías.
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Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, que mina inagotable es el pedir
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Si me faltan mías alas con tu amor podré volar.
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No quiero abandonar tus manos claras y complicadas, nacidas en el encerrado espejo de las mías. Todo lo demás es perfecto, todo lo demás es todavía más inútil que la vida.
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No necesito dinero. Sólo la gente que paga sus facturas lo necesita, y yo jamás pago las mías.
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Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa rodeaste mi insomnio.
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Yo nunca he criticado a las lesbianas ni a los gays. Lo que hacen las gentes de la cintura para abajo son sus historias, no las mías
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Yo nunca he criticado a las lesbianas ni a los homosexuales. Lo que hace la gente de la cintura para abajo son sus historias, no las mías
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No se preocupe por sus dificultades en las matemáticas. yo puedo asegurarle que las mías son todavía mayores.
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Si la naturaleza hubiera fijado una sola regla para la calidad de los miembros, las fisonomías de todos los hombres serían semejantes, y no sería posible distinguirlas unas de otras; pero ella ha variado de tal modo las cinco partes del rostro que, aunque
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Beneficiadme con vuestra convicciones, si es que las tenéis; pero guardaros vuestras dudas, pues me bastan las mías.
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Mi mente esta covada para recibirte, para pensar tus ideas y darte a pensar las mías; te siento, mi compañero, hermoso juntos somos completos y nos miramos con orgullo conociendo nuestras diferencias sabiéndonos mujer y hombre y apreciando la disimilitud
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Señoras mías, tenedlo bien advertido y recordadlo siempre: vuestro mayor enemigo es la misma piedad vuestra, la cual os hace cometer la mayor parte de vuestros despropósitos.
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Me gustaban sus caricias y su pelo, y sus horas que eran mías, y mis labios en su piel. Y el aroma de ese perfume indiscreto que acostumbraba en el cuello donde tanto le busqué.
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Tus penas eran mis penas, las mías, tuyas. Si no estabas tú contenta, yo no lo estaba
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Si quieres ser rico, piensa en las economías tanto como en las ganancias.