La virtud debe tener límites.
Frases célebres sobre: mit. [Página 55]
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Cuando la concentración impregna la mente y el cuerpo, el poder de la respiración se vuelve uno con el universo, extendiéndose suave y naturalmente hasta el límite absoluto, pero, a la vez, la persona se hace cada vez más autocontenida e independiente.
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En situaciones extremas, el universo entero se transforma en nuestro enemigo; en momentos tan críticos, la unidad de mente y técnica es esencial: ¡No permitas que tu corazón titubee!
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Por mi parte, tengo edad y riqueza suficientes para permitirme el lujo de una actitud moral en un mundo en que la moral pasó de moda.
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La mitad de la ley es magia pura... tigres de papel que defienden el templo de una diosa con los ojos vendados.
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La libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten
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Si tuviera que dimitir cada vez que el Gobierno discrepa conmigo, no duraría una semana como ministro de Defensa.
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Quien ha experimentado a Dios puede describir parte de su vivencia en lenguaje simbólico, pero no puede trasmitir a otra persona lo que ha vivenciado. La mística da lugar al pensamiento, pero no es reducible a él.
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Will Smith hará el papel de Ali, pero es imposible parecerse a mí
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Niño, no te preocupes, si pueden hacer penicilina de la leche cuajada, estoy seguro de que van a sacar algo bueno de ti. Pero nunca permitas que alguien te impida creer en ti mismo.
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La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
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¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio!
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De dinero y calidad, la mitad de la mitad.
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No permitáis que ninguno hable mal de la ausencia.
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Borra de la ceniza la huella de la marmita...
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No permitas que una golondrina haga su nido bajo tu tejado.
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La fidelidad que debemos a nuestro amigo es una cosa sagrada, que no permite la más leve ironía.
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El principio es la mitad del todo.
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Y los fundadores no tienen obligación de componer fábulas, sino únicamente de conocer las líneas generales que deben seguir en sus mitos los poetas con el fin de no permitir que se salgan nunca de ellas.
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Por consiguiente, haremos bien en suprimir las lamentaciones de los hombres famosos y atribuírselas a las mujeres - y no a las de mayor dignididad- o a los hombres más viles, con el fin de que les repugne la imitación de tales gentes a aquellos que decimo