El amor por la justicia sólo es, en muchos hombres, el temor de sufrir la injusticia.
Frases célebres sobre: mor. [Página 187]
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Si se juzga al amor por sus efectos, más se parece al odio que a la amistad.
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La virtud de las mujeres se reduce muchas veces al amor por su reputación y su tranquilidad.
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No hay más que una clase de buen humor; pero hay mil copias diferentes.
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En los celos hay más amor propio que verdadero amor.
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Sólo hay una especie de amor; pero existen mil copias diferentes.
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El amor propio es el peor de los aduladores.
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El amor a la justicia no es, en la mayoría de los hombres, sino el temor a padecer la injusticia
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En amor, el que ama es un medio seguro para ser amado
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Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia
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Sin ella, mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo y Morgana y los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia
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El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón
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Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre.
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El cine...Es extraño. La gente compra una entrada. Esa entrada es su puerta a una fantasía que tú creas para ellos. La tierra de la fantasía, eso es todo, y tú das vida a sus fantasías. Fantasías de amor, de odio o de lo que sea.
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Una cabeza sin memoria es una plaza sin guarnición.
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¿Qué murallas derriba tu voz en el sigilo de la noche? Esa distancia que cae como un telón entre el vacío y la memoria ardiente de los días.
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Inmemorial flor ágata del desierto con los dueños de la noche habitas, con los cuerpos devorados, caes silente, hecha polvo en el aire, en la infinita nada.
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Fingimos dormir como impenetrables esferas de cristal. La tierra no consuela sólo despeña su oscura y áspera orfandad. Arriba torres de viento se desmoronan al vacío.
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Ven a mi sueño, dulce encantada, y en esta idéntica soledad que hoy nos abisma, sigamos deshilvanando juntas en una morada del corazón el ovillo temible del presagio.
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Oyes el graznido de la última gaviota cerrando su pacto con el rumor dulce de la espuma, y tú, vas y vienes sobre la corriente con el alfabeto del mar entre tus manos.