Al demostrar a los fanáticos que se equivocan no hay que olvidar que se equivocan aposta.
Frases célebres sobre: mos. [Página 423]
Hay un total de 12225 freses célebres sobre "mos" este sitio web. [Página 423]
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Nada es más fácil que vender valores al público cuando se le puede mostrar hasta que punto han subido ya
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Hay muy pocos monstruos que garanticen los miedos que les tenemos.
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Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
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Una mujer no comienza a mostrar su edad hasta que empieza a ocultarla.
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Nosotros ponemos el infinito en el amor. Pero las mujeres no comenten jamás este error
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Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
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Cuando cambiamos interiormente, debemos cambiar también los objetos que nos rodean
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Mientras me hablaba, yo me preguntaba si tenía o no razón al decir que son los ritos lo que hemos perdido, o si, en realidad, son las gentes las que han perdido su capacidad de sentir, hasta el punto de que ya ningún rito podrá devolvérsela
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No tenemos un lenguaje para los sentidos. Los sentimientos son las imágenes, las sensaciones son como sonidos musicales.
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El mejor momento para ti y para mí no es cuando razonamos, sino cuando no lo hacemos.
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No vemos las cosas tal como son, las vemos como somos nosotros
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Haríamos muchas más cosas si creyéramos que son muchas menos las imposibles.
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Si pudiéramos desterrar la palabra serio de nuestro vocabulario, muchas cosas se arreglarían.
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Y que vivamos ausentes.
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No son recuerdos, que es vida, y verdadero el diálogo que contigo tengo, madre, cuando aquí nos encontramos.
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Como el mueble y la tela, tu desnudo ya no tenía imponencia bajo el aire, bajo el alma, bajo nuestras almas. Nosotros ya no entendíamos de aquello. Era el suelo de un ámbito celeste, imponderable. Éramos transparencias altísimas, calientes.
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Mi soledad consciente mira las hermosuras inútiles del mundo
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Los alguaciles de hoy no son más que la sombra caricaturesca de los alguaciles del tiempo del rey; esa era gente temible y temida, respetable y respetada; formaban uno de los extremos de la formidable cadena judicial que envolvía a todo Río de Janeiro en
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Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.