Peligroso es el hombre que ya no tiene nada que perder.
Frases célebres sobre: nad. [Página 283]
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Mi placer de crear era ilimitado. El talento productivo no me abandonó ni un instante durante algunos años; lo que se me ocurría durante el día y en estado de vela, se iba a menudo elaborando de noche, en ordenados sueños.
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Nadie sabe lo que hace mientras actúa correctamente, pero de lo que está mal uno siempre es consciente.
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Nada hay en éste mundo más digno de lástima que un hombre irresoluto que oscila entre dos sentimientos.
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Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.
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Afortunadamente, el hombre sólo puede comprender un cierto grado de desgracia; más allá de este grado, la desgracia le aniquila o le deja indiferente.
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No hay nada más espantoso que la ignorancia activa.
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Si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día
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Se predica contra muchos vicios, pero no sé de nadie que haya predicado contra el mal humor.
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Los alemanes, y no sólo ellos, poseen el don de hacer inaccesibles las ciencias. Nada alegraba tanto a los alemanes de los viejos tiempos como el hecho de que nadie tuviera que obedecer a nadie.
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La afición de los alemanes por lo impreciso en las artes proviene de su proclividad a la chapucería; pues quien hace chapuzas no puede aprobar el esmero, ya que si no él mismo no sería nada.
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Nada revela tan a las claras el carácter de los hombres como aquello que encuentran ridículo.
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Cierto que en el mundo de los hombres nada hay necesario fuera del amor.
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La fuerza creadora nada puede sin el sentimiento, y la fuerza activa, la simple fuerza activa, al contrario, tiene poder sin el sentimiento y sin la fuerza creadora; y por eso admitimos que es la fundamental.
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Se ha pretendido que el mundo esté regido por números; todo lo que yo sé sobre esto es que los números dicen si un país está bien o mal gobernado.
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Por fortuna, el hombre no es capaz más que de una cierta medida de infelicidad; pasada ésa, queda o anonadado o indiferente.
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Nadie concede a los demás el derecho a equivocarse.
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El día afortunado es como un día de cosecha; en cuanto el trigo está en sazón, hay que apresurarse a recogerlo.
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¿Qué es el hombre, ése semidios ensalzado? ¿No le falta la fuerza cuando más la necesita? Y cuando abre las alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que e
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No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosostros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nostros.