Siempre tenemos ante los ojos los vicios ajenos, y los nuestros a la espalda.
Frases célebres sobre: nue. [Página 285]
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Poseemos un alto porcentaje de usuarios que a menudo hablan con otros sobre nuestro buscador. Esto ha ayudado a Google enormemente, y ha contribuído al crecimiento de tráfico en nuestro sitio web alrededor de un 20% al mes desde que comenzamos la compañía
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Vendrán en los tardos años del mundo ciertos tiempos en los cuales el mar océano aflorará los atamientos de las cosas y se abrirá una grande tierra y un nuevo marinero como aquel que fue guía de Jasón y que hubo de nombre Tiphys descubrirá nuevo mundo y y
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El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza
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Sea ésta la regla de nuestra vida: decir lo que sentimos, sentir lo que decimos. En suma, que la palabra vaya de acuerdo con los hechos
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Alegre cosa es llegar al logro de nuestros deseos.
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Muchas cosas tienen reputación, no por su valor, mas por flaqueza nuestra.
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Aquella se puede llamar felicidad, que con nuestros deseos se mide.
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Cada día debemos juzgarlo una nueva vida.
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La aflicción de nuestros amigos nos induce a amarlos más.
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Para nuestra avaricia, lo mucho es poco, y para nuestra necesidad, lo poco es mucho.
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La cena era picadillo de cordero y pan con mantequilla; como podrán imaginar, con el hambre que tenía enseguida di buena cuenta del refrigerio. Mientras comía, se oyeron las lentas campanadas del reloj que yo había oído antes, dando las nueve y media.
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Nunca corría riesgos: por eso le iban tan bien las cosas. Todo lo que entraba en nuestra cocina con una apariencia era transformado en algo completamente distinto. Y aunque entraba por la fachada -por la tienda, en Lant Street-, también salía por otro sit
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Se espera un líder fuerte para mantener firme una determinación, aún cuando el entorno cambie o reciba nueva información.
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Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad, nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón.
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La tierra a la que aplicábamos nuestro oído durante tanto tiempo está despellejada o muy callosa, y sus entrañas tentadas por un augurio impío. Nuestra isla está llena de ruidos nada confortantes.
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No consiste la felicidad de nuestra vida en vivir, sino en vivir bien.
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Esta sociedad nuestra de la esbeltez y las dietas es también la de la gordura y el sobrepeso.
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Por otra parte, nuestras sociedades no se caracterizan por el consenso, sino por la discusión permanente, y a ésta los medios contribuyen no en pequeña medida.
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Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas