Cuando hablan de celebrar el Bicentenario, yo creo que más que celebrar deberían conmemorar con una misa fúnebre, porque realmente en 200 añosmurieron muchas esperanzas de libertad, de progreso y de justicia y todavía siguen sin estar vivas esas esperanza
Frases célebres sobre: oda. [Página 140]
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La constancia es la virtud por la que todas las demás dan su fruto.
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El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez: el que de nadie se fía muestra tener todavía menos.
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Andaré por los cerros, selvas y llanos toda la vida arrimándole coplas a tu esperanza, tierra querida.
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Si un trovador me pidiera un poquito de luz para su vida, toda la selva en fuego convertida para su corazón yo le ofreciera.
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Para sentirse, no diremos seguros, pero animados y tranquilos a lo largo de la vida, hay que desear poco y esperar todavía menos.
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La constancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan fruto
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Si obedeces todas las reglas, falta toda la diversión
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El pintor debe ser capaz de ver un objeto en tono uniforme, en toda su magia... todos los cuadros creados de esta manera son el espejo del alma en armonía.
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Toda la verdad es mejor que la duda indefinida
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El sol brilla en todas partes, pero algunos no ven más que sus sombras.
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El trabajo consiste en hacer preguntas, todas las que se puedan, y hacer frente a la falta de respuestas precisas con una cierta humildad.
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En toda relación erótica, los amantes intuyen siempre la verdad, y sin embargo se empecinan en creerse todas las mentiras.
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Toda guerra se inicia con los pretextos más nimios, se continúa por motivos de peso y se concluye con las excusas más falaces.
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Toda verdad atraviesa tres fases: primero, es ridiculizada; segundo, recibe violenta oposición; tercero, es aceptada como algo evidente
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Ellos todavía saben lo que nosotros hemos olvidado
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¡Hazte a la idea! Ahora, el Cielo y el Infierno nos tienen agarrados por la espalda y toda nuestra vieja simulación nos ha sido arrancada...
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Pues... Me enseñaste la bondad, por lo tanto eres bueno. Fue un incendio por donde me condujiste, y en él se quemó toda mi ignorancia. Era fuego, John, llamas las que nos envolvían.
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Golpeó una puerta, y, en la plaza de la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por las veletas y los gallos de los campanarios de todas partes, bajo el deslumbrante chubasco.
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Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el cam