El secreto de la dicha del amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
Frases célebres sobre: ojo. [Página 71]
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El secreto de la dicha en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
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El secreto de la felicidad en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
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A ojos de los chicos, el tanga reduce a las niñas a su parte posterior
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Siempre tenemos ante los ojos los vicios ajenos, y los nuestros a la espalda.
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Pongamos los ojos en nosotros mismos, y después en los negocios que emprendemos, por quien y con quien los emprendemos
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Si eres hombre, alza tus ojos para admirar a los que han emprendido cosas grandes aunque hayan fracasado
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Desagradecido es el que agradeciendo tiene ojo a otro segundo beneficio.
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No permanezcan secos tus ojos ante la muerte de un amigo, pero tampoco se conviertan en un mar. Las lágrimas sí, llanto no
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Todos esperan, convocados por un silencio de campanas; todos esperan, sombra a sombra, que por sus ojos hable el alba.
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Aquella vez se perdieron tus ojos en los míos y yo sin detener el alma logré despedazar a tu tristeza.
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Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos
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Lloren los ojos, mas no el alma.
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Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó
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Afectos y bellezas he perdido que serán intensos recuerdos cuando la edad ciegue mis ojos.
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Esta vida es breve, la recompensa por lo que aquí hagamos será eterna. Practiquemos el bien, unámonos a la voluntad de Dios. Que sea ella la estrella que guíe nuestros ojos en esta travesía. Es la manera cierta de que lleguemos con bien
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Tenemos los vicios ajenos delante de los ojos y los propios a la espalda.
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Con mástiles torcidos y proa sumergida, como el perseguido a gritos y a golpes aun pisa la sombra de su enemigo y hacia adelante dobla su cabeza, el barco iba rápido, fuerte rugía el estrépito y hacia el ojo del sur escapábamos.
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Es una especie de obediencia muy agradable a los ojos de Dios no desear dispensas sin mucha necesidad.
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El amor propio es más arrogante que ciego: no nos oculta nuestros defectos, nos convence de que escapan a los ojos de los demás