Evidentemente, la vida es sólo un continuo proceso de deterioro.
Frases célebres sobre: oro. [Página 47]
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¡Oh grande, rebelde y feroz mar! Mar vengador, mar como hule incoloro... ¡Anda! ¡Salta!
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¡Míralo galopar al fondo de los bosques!. ¡Qué importa, hermoso demonio! A tu merced me encuentro... ¡Tómame sobre la tierra ensordecido a pesar de todos sus ecos, bajo el cielo que ciega a pesar de sus astros de oro, camino exasperando mi fiebre y mi des
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Cada hombre es un eslabón de oro en mi cadena para mi felicidad.
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Y cuando queremos insultar más a un hijueputa, lo ponemos en diminutivo. Por eso hoy voy a mandar a mis loros verdes a que le digan a Tirofijo:
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Cuando yo cocino mi mente se bloquea, solo añoro ver mi obra acabada, por eso no tengo lugar a ningún pensamiento.
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El trabajo, la ciencia y las artes, son más dulces que los destellos de una corona...
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Yo también conmemoro la mejora en la distribución de la renta. La política de él es la mía
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¿Yo? Melibea soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo.
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Una de las cosas más horrorosas que se hacen en España actualmente es que el músculo que utiliza el hombre para hacer pis se utiliza ahora para introducirle en la boca de los más sagrado del ser humano, es decir, de la mujer, que va a ser madre
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Cuando Goya se volvió sordo ¿su loro se hizo mimo?
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¡Oh, libertad gran tesoro! porque no hay buena prisión, aunque fuese en grillos de oro.
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¡Oh, libertad preciosa, no comparada al oro, ni al bien mayor de la espaciosa tierra, más rica y más gozosa que el precioso tesoro que el mar del sur entre su nácar cierra.
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El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean.
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Nuestro Director Mike Newell. El trajo a todos los actores juntos y nos pregunto que improvisaramos escenas amorosas. Estaba aterrada. Estaba tan humillada, pero despues vi que todos los demas hicieron los ridiculos de si mismos. Ahora no tengo miedo de h
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Regla de oro: dejar una imagen incompleta de sí mismo.
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El burgués, no conforme con poseer grandes tesoros de los que a nadie participa, en su insaciable avaricia, roba el producto de su trabajo al obrero y al peón, despoja al indio de su pequeña propiedad y no satisfecho aún, lo insulta y golpea haciendo alar
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¡Cuántas calvas hay cubiertas de coronas!
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Ya sé que el grupo de jóvenes que se manifiesta no representa a toda la juventud y que un centenar de alborotadores por la calle causan más ruido que diez mil trabajadores que se quedan en su casa.
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La nación mexicana es demasiado rica, pero esa riqueza, ese caudal de oro inagotable, perteneciendo a más de quince millones de habitantes, se halla en manos de unos cuantos miles de capitalistas y de ellos una gran parte no son mexicanos