La catedral es un corazón. La torre, un brote. ¿Han contado los escalones que llevan a la plataforma? Cada noche son más numerosos. Se multiplican.
Frases célebres sobre: oso. [Página 209]
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Solamente la abundancia de dinero dentro de un Estado marca qué tan grande y poderoso es.
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La falsedad de una idea no puede impedirle el ser bella y hay ciertos errores tan ingeniosos, que lamentaríamos que no figurasen en los pasos del espíritu humano.
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Después de cada infortunio se efectúa en nosotros como una extraña muda del alma.
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El poeta es un mentiroso que siempre dice la verdad.
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Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
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Morir, morir... Morir no es nada. Empieza pues por vivir. Es menos curioso, es más largo.
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La seducción es el mundo de la dinámica elemental. Todo esto ha cambiado de manera significativa para nosotros, al menos en apariencia. ¿Pero qué ha sucedido con el bien y el mal? La seducción lanza a ellos entre sí, y los une más allá del significado, en
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Pregunto a los poseídos de la pasión de acumular, de qué ventajas disfrutan que nosotros no tengamos.
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Nos lo perdonamos todo a nosotros mismos, nada perdonamos a los demás.
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Hay que beneficiar tanto como se pueda a todo el mundo: a menudo podemos necesitar de entre nosotros al más inferior.
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Nada más peligroso que un ignorante amigo; mejor sería un sabio enemigo
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Nada más peligroso que un amigo ignorante; es preferible un enemigo con juicio
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Los hombres que no hacen ruido son peligrosos.
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Hay que beneficiar como se pueda a todo el mundo: a menudo se puede necesitar a quien es menos que nosotros
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Más vergonzoso es desconfiar de los amigos que ser engañados por ellos
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Los mismos vicios que nos parecen enormes e intolerables en los demás, no los advertimos en nosotros.
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El esclavo sólo tiene un dueño; el ambicioso, tantos como personas le puedan ser útiles a su fortuna.
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Puede uno esperar mucho de un amigo, si al subir al poder todavía se acuerda de nosotros.
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Quien dice que no es dichoso, podría serlo por la dicha de su prójimo si la envidia no le quitara este último recurso.