Para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio.
Frases célebres sobre: par. [Página 116]
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¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser el fruto de la educación.
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Es más fácil ser bueno para toda la gente que para alguien.
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El matrimonio es una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo, tres.
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Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas.
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La vida humana se halla dividida en dos fases distintas: los primeros treinta y cinco años son para la experiencia, y el resto, para el recuerdo.
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Mi arte es precisamente un esfuerzo que tiende a expresar, en gestos y movimientos, la verdad de mi Ser. He necesitado muchos años para encontrar el más pequeño movimiento absolutamente verdadero.
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Algunas veces se me ha preguntado si creía yo que el amor era superior al arte, y he contestado que no podía separarlos, porque el artista es el amante único, el único amante que tiene la pura visión de la belleza, y amor es la visión del alma al contempl
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Tengo que agradecer al hecho de que, siendo yo joven, fuera pobre mi madre. No podía tener sirvientes ni ayas para sus hijos, y a esto debo la vida espontánea que pude expresar siendo niña, y que no he perdido nunca.
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No recuerdo de ningún sufrimiento que tuviera por causa la pobreza de nuestro hogar. A nosotros nos parecía muy natural esa pobreza. Donde yo sufría era en la escuela únicamente. Para un niño sensible y orgulloso, el sistema de la escuela pública es tan h
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Me impresionó profundamente la injusticia que padecían las mujeres, y relacionando mis lecturas con la historia de mi padre y de mi madre, decidí, de una vez para siempre, que consagraría mi vida a luchar contra el matrimonio y a favor de la emancipación
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Cuando oigo a los padres de familia que trabajan para dejar una herencia a sus hijos, me pregunto si se darán cuenta de que, por ese camino, contribuyen a sofocar el espíritu de aventura de sus vástagos.
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La mejor herencia consiste en dar a los niños la mayor libertad para desenvolverse por sí mismos.
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Cuando podía escaparme de la prisión de la escuela, era libre; podía vagar sola, a la orilla del mar, y seguir mi fantasía.
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Día tras día visitábamos el Louvre y apenas si podían echarnos a la hora de cerrar. En París no teníamos ni dinero ni amigos, pero tampoco necesitábamos nada. El Louvre era nuestro Paraíso.
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Nos parecía también, según contemplábamos el Partenón, que habíamos alcanzado el pináculo de la perfección, y nos juramentamos para no salir nunca de Grecia, pues era en Atenas donde habíamos encontrado todo lo que satisfacía nuestro sentido estético.
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La verdad es que cuando yo empecé aquella peregrinación no tenía ningún afán de gloria ni dinero. Era una peregrinación puramente espiritual, y me parecía que el espíritu que yo buscaba era la invisible diosa Atenea que había todavía en las ruinas del Par
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Bajo la mirada de sus ojos, se despertaban en mí emociones que yo ignoraba y sensaciones tan extáticas y terribles que parecía como si el placer me estuviera matando, y desfallecía para despertarme a la luz de sus ojos maravillosos.
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Pronuncié un discurso elogiando la grandeza de Haeckel, y luego bailé en su honor. Haeckel comentó mi danza, comparándola a todas las verdades fundamentales de la Naturaleza, y dijo que era una expresión de monismo, en cuando procedía de una fuente única
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Soy enemiga del ‘ballet’, al que considero como un género falso y absurdo, que nada tiene que ver con el arte. Pero no pude por menos de aplaudir la figura feérica de la Sechinsky cuando la vi volando en el escenario, más parecida a un pájaro o a una mari