El doctor se puso en pie, blanco como un cadáver, y esbozó una deplorable sonrisa de hiena; pero no intentó resistirse. Incluso, sin soltar la estilográfica, ofreció sus manos al policía para que lo esposara adecuadamente. Tenía cierta expresión canina en
Frases célebres sobre: par. [Página 541]
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Si a veces empleaba locuciones que parecen triviales, lo hacía con el fin de ser perfectamente comprendido de las masas, de las clases del pueblo, y descendía por decirlo así, abandonando las pretensiones literarias con la mira de ilustrar el espíritu del
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La gloria, la fama, la unanimidad es un espejismo. Siempre parecen más brillantes en otro.
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Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables.
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Tenemos más fuerza que voluntad, y a menudo para disculparnos a nosotros mismos suponemos que las cosas son imposibles.
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Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.
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Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.
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Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
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El orgullo, que tanto alienta nuestra vanidad, nos sirve a menudo para moldearla.
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El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
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La muerte sólo será triste para los que no hayan pensado en ella.
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.
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Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.
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De residuos de teoría construimos el martillo para demoler lo viejo.
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Hoy sé que así tratabas de explicarme que el mundo es demasiado grande para nuestra nostalgia.
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Para saber bien las cosas, hay que conocerlas con todo detalle; y como los detalles son casi infinitos, nuestros conocimientos son siempre superficiales e imperfectos
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Los vicios entran en la composición de las virtudes como los venenos en las medicinas. La prudencia los reúne y los combina para utilizarlos beneficiosamente contra los males de la vida.
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Pocas cosas son necesarias para hacer feliz al hombre sabio, pero nada satisface al tonto; esta es la razón de que gran parte de la humanidad sea miserable.
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Para el hombre ambicioso, el buen éxito disculpa la ilegitimidad de los medios.
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La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que han empleado para adquirirla.