La subjetividad de Freud tiene desde luego un carácter peculiar pues, al expresarse en lo personal, penetra en lo supra personal. Son siempre observaciones hechas desde otras riberas.
Frases célebres sobre: per. [Página 1048]
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El aumento de la productividad económica, que por un lado crea las condiciones para un mundo más justo, procura, por otro, al aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él una inmensa superioridad sobre el resto de la población. El individuo
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Los estratos básicos de la experiencia, que constituyen la motivación del arte, están emparentados con el mundo de los objetos del que se han separado. Los insolubles antagonismos de la realidad aparecen de nuevo en las obras de arte como problemas inmane
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Tal es el modo de velar por el orden: hay quienes deben cooperar a él, porque, si no, no pueden vivir, y los que aun así podrían vivir son marginados porque no quieren cooperar.
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La abundancia de las cosas consumidas indiscriminadamente se vuelve funesta. Hace imposible orientarse en ella, y así como en los monstruosos almacenes hay que buscarse un guía, también la población, ahogada en ofertas, espera al suyo.
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Un matrimonio aceptable sería sólo aquel en que ambos tuvieran su propia vida independiente sin nada de aquella fusión producto de la comunidad de intereses determinada por factores económicos, pero que asumieran libremente una responsabilidad recíproca.
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La teoría no es un simple vehículo que resulta superfluo tan pronto como se poseen los datos.
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La esperanza está, primordialmentete, en los que no hallan consuelo.
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La intimidad entre las personas es indulgencia, tolerancia, reducto de las singularidades personales.
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Pero el truco era añadirle destellos. Contabas a la gente lo que tenías intención de hacer y la gente creía que eras capaz de hacerlo. Aquel viaje a caballo podría haberlo realizado cualquiera. Nadie lo había hecho. Todos seguían esperando a que se repara
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Húmedo le estrechó la mano y, en lugar de la zarpa aplastante que esperaba, sintió el apretón firme de manos de un hombre honorable y contempló la mirada tranquila, honrada y tuerta de Asidor D'Oropel.
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-Tenga cuidado. A la gente le gusta que les digan lo que ya saben. Recuerde eso. Se ponen incómodos cuando uno les cuenta cosas nuevas. Las cosas nuevas... bueno, las cosas nuevas no son lo que se esperan.
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En una franja que recorría toda la parte superior de la fachada, manchando la piedra en tonos verdes y marrones, había una inscripción en letras de bronce.
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–Pero si no tenemos cuidado podríamos alterar el futuro –dijo Ponder–. Nuestra mera presencia en el pasado podría alterar el futuro. Quizá ya hayamos alterado la historia.
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Pero, oye, Vimes también solía decir ese tipo de cosas. Yo le he oído –replicó Nobby. –Sí, pero eso era distinto.
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Ninguna tortuga había hecho aquello antes. Pero ninguna tortuga había sido nunca un dios, y conocía el lema no escrito de la Quisición. Cuius testiculos habes, habeas cardia et cerebelum.
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El archicanciller sabía por experiencia que cualquier cosa importante de verdad nunca se llegaba a poner por escrito porque a esas alturas la gente ya estaba demasiado ocupada gritando.
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Los Padres nunca fueron jóvenes. Sólo estaban esperando a convertirse en Padres.
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La mayoría de los alquimistas eran gente muy nerviosa, de todas formas; les venía de no saber lo que haría a continuación el vial lleno de líquidos burbujeantes con el que estaban experimentando.
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¡Fantasmas del mundo, en pie! No tenéis nada que perder, solo las cadenas.