La naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie.
Frases célebres sobre: per. [Página 863]
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La lucidez: martirio permanente, inimaginable proeza.
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Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.
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Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.
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Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.
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Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.
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Todo el mundo habla de progreso, pero nadie sale de la rutina.
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El sentimiento es objeto de la ciencia, pero no criterio de la verdad científica.
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La cultura es aquello que permanece en un hombre cuando lo ha olvidado todo
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¡Qué tontos hemos sido por esperar tanto tiempo! Nada más conocerte ya quise estar a tu lado, pero tú no comprendiste, te enfadaste... Luego, ¿Te acuerdas?, en casa, de noche cuando comíamos, olfateando el aire para escucharnos respirar, con unas ganas in
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La honradez absoluta no existe en mayor cantidad que la salud perfecta. En todos nosotros hay un fondo de animal humano, al igual que hay un fondo de enfermedad.
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Se dicen que las nuevas generaciones serán difíciles de gobernar. Así lo espero.
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Si quieres ser ave, vuela, si quieres ser gusano, arrástrate, pero no grites cuando te aplasten
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Las coaliciones son siempre muy pujantes para derribar, pero siempre impotentes para crear
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La esperanza vieja es la más dura de perder
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Lo que todas las personas tenemos en común no es el espíritu, sino el destino.
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Hay dos tipos de personas en la tierra: aquellas que se elevan y aquellas que se inclinan
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La idea superior de disciplina que llevan en la sangre esos soldados, ¿No basta para invalidar su capacidad de equidad? Quien dice disciplina dice obediencia.
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Perdiéndose entre los senderos floridos e internándose en el bosque hasta llegar a las faldas de una colina, pasan alegremente los días, escondidos en el fondo de los matorrales que abrigan, complacientes, sus amores.
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Casos como éstos, en los que la muchedumbre derrocha perversión y demencia, no abundan, y tal vez por eso me apasioné en el grado en que lo hice al margen de mi rechazo en tanto que hombre como novelista, como dramaturgo, trastornado de entusiasmo ante