Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
Frases célebres sobre: pro. [Página 302]
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Lo que hace que la mayoría de las mujeres sean tan poco sensibles a la amistad es que la encuentran insípida luego de haber probado el gusto del amor.
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En los celos hay más amor propio que amor.
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Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
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La fortaleza de los hombres juiciosos no es más que el arte de encerrar el propio desasosiego dentro del corazón.
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Pocos son los que conocen la muerte; es algo que no suele aceptarse por decisión propia, sino por estolidez y por costumbre, y la mayoría de los hombres mueren porque no hay remedio para la muerte.
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Al orgullo no le gusta deber, y al amor propio no le gusta pagar.
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El amor propio es más ingenioso que el hombre más ingenioso de este mundo.
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Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
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Nuestro amor propio sufre con mayor impaciencia la condenación de nuestras aficiones que la de nuestras pasiones.
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A menudo nos avergonzaríamos de nuestras más bellas acciones si el mundo viera los motivos que las producen.
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El arte más profundo de un hombre hábil es el de saber ocultar su habilidad.
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Antes de desear algo ardientemente conviene comprobar la felicidad que le alcanza a quien ya lo posee.
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Si una persona parece cuerda es sólo porque sus locuras son proporcionadas a su edad y estado.
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La pobreza espiritual produce la obstinación. No creemos fácilmente en lo que está más allá de lo que alcanzamos a ver.
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Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.
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La vejez es un tirano que prohibe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
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Nuestras fuerzas sobrepujan casi siempre a nuestra voluntad; el presentarnos a la imaginación propia como imposibles ciertas cosas, es solamente una excusa que nos ponemos a nosotros mismos
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Antes de desear ardientemente una cosa, debemos cerciorarnos cuidadosamente de la felicidad que proporciona al que la posee
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Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble propósito, sino efecto del azar