La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia
Frases célebres sobre: pro. [Página 556]
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La mayoría de los hombres siente un poderoso y activo prejuicio en favor de su propia vocación
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La sociedad no puede subsistir sin recíprocas concesiones
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Toda vida tiene algo de provecho.
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Nada hay imposible a la naturaleza, sobre todo cuando se propone destruirse a sí misma.
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Tenemos los vicios ajenos delante de los ojos y los propios a la espalda.
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Ni la prosperidad envanece al sabio ni la adversidad lo abate.
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Con mástiles torcidos y proa sumergida, como el perseguido a gritos y a golpes aun pisa la sombra de su enemigo y hacia adelante dobla su cabeza, el barco iba rápido, fuerte rugía el estrépito y hacia el ojo del sur escapábamos.
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Los consejos son como la nieve; cuando más suave cae, más dura en el suelo y más se profundiza en la conciencia.
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¡Oh sueño de felicidad! ¿Es esto en verdad La torre del faro que veo? ¿Es ésta la colina? ¿Es ésta la iglesia? ¿Es éste mi propio país, el mío?
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No es el mayor esclavo aquel que está dominado por un tirano, por grande que sea ese mal, sino aquel que sirve de juguete a su propia ignorancia, al egoísmo y al vicio.
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El que nunca cometió un error, probablemente nunca haya descubierto nada.
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Es raro que haya tan pocos lectores en este mundo, pero tantas lecturas. La gente en general no lee por propia voluntad si son capaces de encontrar cualquier otra cosa que los entretenga.
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PATROCINADOR, sust.: Alguien que tolera, apoya o protege a otros. Usualmente, un desgraciado que apoya con insolencia, y es pagado con adulación.
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Padres no podemos tener más que una vez; se promete demasiado el que entra en la vida con la esperanza de hallar muchos amigos.
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Nadie conoce su propia fuerza mientras no se ha encontrado con la necesidad.
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Dondequiera que haya un ser humano existe una probabilidad para la bondad.
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Las penas, consideradas en sí mismas, ciertamente no pueden ser amadas, pero consideradas en su origen, es decir, en la Providencia y Bondad divina que las ordena, son infinitamente amables
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Las mortificaciones que no van condimentadas con la salsa de nuestra propia voluntad son las mejores y las más excelentes, como las que nos tropezamos por la calle, sin pensar en ellas ni buscarlas, y las de cada día, aunque sean pequeñas
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Soportad con toda dulzura las pequeñas ofensas, las ligeras molestias y privaciones que sufrís a diario, pues con todas estas menudas ocasiones, si las aprovecháis con amor y dilección, ganaréis enteramente su Corazón y será todo vuestro