Asombro: lo más elevado que puede llegar el hombre.
Frases célebres sobre: pue. [Página 445]
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Cerrad vuestros corazones con más cuidado que vuestras puertas.
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Lo que puedes hacer, o sueñes que puedes hacer, empieza.
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Que el hombre sea noble, caritativo y bueno, puesto que sólo esto le distingue de todos los otros seres.
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Cuando un hombre de letras alemán deseaba antiguamente dominar a su nación, le bastaba con hacerle creer que había alguien dispuesto a dominarla. Al punto quedaban todos tan intimidados que se dejaban dominar con gusto por quien fuese.
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La afición de los alemanes por lo impreciso en las artes proviene de su proclividad a la chapucería; pues quien hace chapuzas no puede aprobar el esmero, ya que si no él mismo no sería nada.
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No puede decirse que lo razonable sea siempre bello; pero lo bello es siempre razonable.
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La fuerza creadora nada puede sin el sentimiento, y la fuerza activa, la simple fuerza activa, al contrario, tiene poder sin el sentimiento y sin la fuerza creadora; y por eso admitimos que es la fundamental.
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Un libro de genio no puede tener fin.
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Se dice que no hay hombre grande para su ayuda de cámara. Eso es porque el gran hombre sólo puede ser reconocido por otro gran hombre, y el ayuda de cámara seguramente sólo sabrá estimar a sus iguales.
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Puede uno vivir todo lo retraído que quiera; pero al menor descuido se hallará convertido en deudor o en acreedor.
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Puedo comprometerme hasta a ser sincero; pero no me exijáis que me comprometa a ser imparcial.
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Amor mío, ¿quién osaría decir: Creo en Dios ? Puedes preguntar a sacerdotes y sabios, y su respuesta no parecerá sino una burla dirigida al preguntador.
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Beneficiadme con vuestra convicciones, si es que las tenéis; pero guardaros vuestras dudas, pues me bastan las mías.
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No existe vértigo mayor que el que produce una cuartilla de papel blanco. Aquellos pentagramas dispuestos a que los rellenemos con notas tienen cierto semblante burlón que produce, cuando menos, respeto.
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Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.
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El problema que plantea el instinto de los animales sólo puede explicarse mediante la noción de mónadas y entelequias.
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No se pueden moldear los hijos conforme a las ideas de los padres. Hay que tomarlos como Dios los da, amarlos y educarlos lo mejor posible, sin torcer su inclinación.
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Nadie se da cuenta del esfuerzo y el tiempo que cuesta aprender a leer. Yo estoy en ello desde hace ochenta años y no puedo decir que lo haya conseguido.
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Afortunadamente, el ser humano sólo puede comprender hasta cierto grado de desgracia; lo que va más allá, o lo aniquila o le deja indiferente.