Los hombres serán siempre lo que quieran las mujeres.
Frases célebres sobre: quie. [Página 218]
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La verdad política, cualesquiera que sean sus formas, no es más que el orden y la libertad.
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Existe un límite a la fuerza que ni siquiera los más poderosos pueden aplicar sin destruirse a sí mismos. Juzgar este límite es el auténtico arte de gobernar. Usar mal este poder es un pecado fatal. La ley no puede ser un instrumento de venganza, nunca un
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Cualquier camino, si se sigue hasta el fin, no conduce exactamente a ningún lugar. Escalad tan sólo un poco la montaña para comprobar si es una montaña. Desde la cima de la montaña, no podréis ver la montaña.
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Cada civilización debe contender con una fuerza inconsciente que puede anular, desviar o revocar casi cualquier intención consciente de la colectividad.
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La ciudad venidera dependerá de la carrera entre el automóvil y el elevador, y cualquiera que apueste por el elevador está loco...
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Cuando crezca yo quiero ser un niño.
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Lo bueno de comenzar desde abajo es que sabes donde no quieres acabar.
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Pensándolo bien, si hay cualquier cosa que yo odiaría como yerno, es un actor; y si hay cualquier cosa que pienso que odiaría peor que un actor como yerno, es un actor inglés
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Los hombres no siempre aman lo que quieren; las mujeres no siempre quieren lo que aman
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Dime quien te admira y te diré quien eres.
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El Führer quiere tratar nuevamente de consolidar los frentes. Espera algunas victorias de la guerra submarina, especialmente cuando entren en acción nuestros nuevos submarinos que todavía no han sido lanzados al ataque.
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Cuando se ama es el corazón quien juzga.
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Cuando uno escribe debe decir sólo lo que aquellos a quienes uno se dirige quieren saber. No es a la satisfacción del propio espíritu a lo que uno debe aspirar en esta correspondencia, sino a la satisfacción del espíritu del otro.
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En metafísica, imaginar bien es ver bien; incluso en física, si no se imagina sólo se ve a medias; quien no sabe imaginar, no muestra nada con claridad y nada da a conocer. La esencia y el ser de la materia misma son por entero intelectuales.
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Hay que entrar en las ideas de los otros si se quiere sacar provecho de las conversaciones y de los libros.
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No es lo mismo el que lleva el hijo a una escuela privada o concertada que quien lo lleva a una escuela pública: hay muchos escolares inmigrantes y ello conlleva un retraso en el rendimiento global del aula.
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No es lo mismo una persona que tenga un inmigrante en su casa de servicio y viva en Sarrià o Pedralbes, que quien vive en un bloque y no puede vender su piso a precio de mercado porque cada día van más inmigrantes a comprar en la tienda de al lado.
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En moral, para alcanzar el centro hay que aspirar al hecho. En literatura, por el contrario, para alcanzar fácilmente el hecho sólo se debe aspirar al centro: cualquier esfuerzo en la subida gasta las fuerzas.
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Si usted quiere que sus lectores se vuelvan locos por la heroína de una novela, cuídese de darle rasgos fijos, a fin de que cada cual pueda imaginarla según su fantasía y como más le guste.