Un país que lo soñamos, que Cristina lo sueña junto con la clase media, los intelectuales, los industriales, los jovenes, todos los argentinos que quieren hacer grande este país.
Frases célebres sobre: quie. [Página 267]
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Cristina sueña con una clase media junto a los trabajadores, empresarios, intelectuales, estudiantes, con todos los argentinos que quieren construir este nuevo país.
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Entre los hombres como en cualquier otra especie animal hay un exceso de enfermos, de degenerados, de débiles, de dolientes; los sanos constituyen una excepción.
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Nietzsche no quiere discípulos.
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En el amor se soportan más cosas que en cualquier otra situación, se tolera todo.
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Despreocupados, violentos, burlones: así nos quiere la sabiduría; es mujer y no ama nunca sino a un guerrero.
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Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a quienes no saben volar.
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Pido pues a mi orgullo que siempre vaya del brazo con mi cordura. Y cuando me abandone mi cordura, pues le gusta alzar el vuelo, que mi orgullo vuele siquiera del brazo con mi locura.
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Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que más amaba.
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Tres versos de Bob Dylan justifican cualquier galardón, incluso el Nobel de Literatura.
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En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero asimismo reparar este presente.
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A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa; es su superstición personal.
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Y muchas veces uno sólo quiere saltar mediante el amor por encima de la envidia. Y muchas veces uno ataca, haciéndose un enemigo, para disimular que es atacable.
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Las mujeres siempre intrigan en secreto contra el alma superior de sus maridos; siempre quieren apartarles de su futuro con el cebo de un presente cómodo y libre de sufrimiento.
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Bien lo sabes: ese demonio cobarde que llevas dentro a quien complace juntar las manos y cruzar los brazos, y sentirse más cómodo — ese demonio cobarde te dice: ¡Existe un Dios!
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El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el juguete más peligroso.
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Quien se permite hablar en público tiene el deber, tan pronto modifique sus opiniones, de contradecirse también en público.
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Y este ser sincero, el yo, habla del cuerpo y lo quiere incluso cuando sueña y se forja ilusiones y aletea con un batir de alas rotas.
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Quien escribe con sangre, y escribe sentencias, ha de ser no leído, sino aprendido de memoria.
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Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo.