¡Que poco se requiere para ser feliz!. El sonido de una gaita.
Frases célebres sobre: quie. [Página 268]
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El diablo mira con envidia a quien sufre mucho y lo expulsa al cielo.
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Quien siempre da corre peligro de perder la vergüenza.
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Y quien ansia superarse creando posee la voluntad más pura.
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Quiero sacar a luz todos los secretos de vuestro fondo; y cuando estéis expuestos, escarbados, al sol, también vuestra mentira estará separada de vuestra verdad.
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¡Llevemos la luz a la Tierra, seamos la luz de la tierra! Para eso tenemos alas, por eso somos rápidos, severos, viriles, incluso terribles, semejantes al fuego. ¡Qué nos teman quienes no saben calentarse ni alumbrarse con este fuego que somos!
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En el amor se soporta más que en cualquier otro estado.
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Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos, porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos con violencia el muro que la naturaleza ha alzado entre ella y nosotros
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Es un infame el que quiere ver a sus enemigos arrodillados en desfortuna.
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Los placeres que proporciona la lectura son de todo tiempo y de cualquier lugar, y son los únicos que puede renovar a su albedrío.
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Las personas con alta autoestima no se sienten superiores a los demás; no buscan probar su valor comparándose con los demás. Disfrutan siendo quienes son, no siendo mejor que los demás
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Tal es el destino que quiere mi voluntad.
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Los más lejanos son quienes pagan vuestro amor al prójimo: y en cuanto os juntáis cinco, un sexto tiene que morir.
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Quien alcanza su ideal, sólo por este hecho lo rebasa.
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Hablo tanto de amor como de paz, de revolución y vida, de la felicidad, del destino, de la esperanza y la desesperación. Quiero que todo lo que es propio del hombre lo sea de mi poesía. Quiero que el que me lea pueda encontrar, en mí o en nosotros, la exp
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Si no consigo expresar bien, hermanos, Lo que quiero decirles, Tendrán que disculparme: Siento algunos mareos, me da vueltas un poco la cabeza. No es el alcohol. Apenas, es un poquito de hambre.
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El hombre, el más valeroso de los animales y el más habituado al sufrimiento, no repudía el sufrimiento en sí; lo quiere y hasta lo busca a condición de poder encontrarle un sentido, un objeto.
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Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol. Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo — hacia el mal.
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Quien no tiene alas no debe tenderse sobre abismos.
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¿Donde está la belleza? Allí donde uno tiene que querer con toda la fuerza de voluntad; allí donde uno quiere amar y perecer, para que tal imagen deje de ser nada más que imagen. Amar y perecer; desde todas las eternidades lo uno está ligado a lo otro.