La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición.
Frases célebres sobre: quie. [Página 329]
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Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar.
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Ya te quieren. Sé simplemente la doncella que eres para mí y te querrán más.
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No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.
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A los últimos a quienes perdonamos su infidelidad es a aquellos a quienes hemos decepcionado.
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Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
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Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.
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Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.
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Algunos tienen desgracias; otros, obsesiones. ¿Quienes son más dignos de lástima?
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Lo mejor que podemos hacer en favor de quienes nos aman es seguir siendo felices.
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Si quieres ser ave, vuela, si quieres ser gusano, arrástrate, pero no grites cuando te aplasten
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No hablo al Presidente de la República, a quien no conozco, ni al político, del que desconfío; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de razón, a quien creo imposible no conmuevan alguna vez aunque sea un instante las angustias de las madres, los s
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Para mí Dios está cerquísima, porque está donde tú quieras que esté. Si no lo sintiera así, le gritaría más fuerte.
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No quiero hacer elegías, no quiero conmover vuestros corazones; sé muy bien que los corazones de los legisladores suelen ser corazones de piedra.
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La vida de un día no satisface ese anhelo de vivir; el amor de un instante no puede llenar los deseos de este corazón inquieto.
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La maternidad es la más importante de todas las profesiones. Exige más conocimientos que cualquier otro asunto relacionado con el hombre.
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No me importa si los críticos dicen que son cantante de jazz o de pop. Me encanta cantar, y trato de cantar lo que creo que la gente quiere escuchar. Canciones que se ajustan a mi estilo.
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La idea superior de disciplina que llevan en la sangre esos soldados, ¿No basta para invalidar su capacidad de equidad? Quien dice disciplina dice obediencia.
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El dolor quiere ser contemplado, o bien no es totalmente sentido.
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Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. Mis noches se verían asediadas por el espectro del inocente que, padeciendo el más horrible suplicio, expira un crimen que no ha cometido.