Usted puede quitarle al hombre sus dioses, sólo dándole otros.
Frases célebres sobre: quitar. [Página 6]
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Nunca me retiraré. Tendrán que quitarme la cámara para que deje de hacer películas. Moriré haciendo películas.
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Lo único que me partiría el corazón sería que me quitaran la cámara y no me dejaran volver a hacer películas.
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Pintar el amor ciego es una sinrazón de los poetas; es preciso quitarle la venda y devolverle para siempre la alegría de sus ojos.
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Sólo paz y libertad son indispensables para el poeta, porque también le pueden quitar esa paz y esa libertad; y no la libertad común, sino la libertad creadora, la libertad secreta.
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Una cosa es que tú muestres la parte de ti que quieras y otra muy diferente es que te roben fotos, que te desnuden sin tu permiso. Yo me quito la ropa con quien quiero y se la dejo quitar a quien quiero, pero no me gusta que me dejen en pelotas en medio d
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Ryunosuke Agutawa, escritor japonés, antes de quitarse la vida, compuso una lista de suicidas históricos en la que incluyó a Cristo.
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Aunque le arranques sus pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
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Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
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Quitarle al objeto su envoltura, demoler el aura, es signatura de una percepción cuya sensibilidad para lo homogéneo crece tanto en el mundo que, a través de la reproducción, lo localiza hasta en lo irrepetible.
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Quiero ser el truco en tus trampas, quitarme el miedo, jugar tu juego, hacer lo que no puedo... Para que me quieras como quiero.
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Perdonar es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos del otro, no tomarlas demasiado en serio, sino quitarles importancia, con buen humor, diciendo: ¡sé que tú no eres así!
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Más tarde él le dijo que, de alguna manera indefinible, verla quitarse las botas esa tarde había sido uno de los momentos más sensuales que recordaba.
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A los silenciosos no se les puede quitar la palabra.
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Nada en el mundo puede quitarnos el poder de decir yo. Nada, salvo la desgracia extrema. Nada hay peor que la extrema desgracia que desde fuera destruye el yo, puesto que luego resulta ya imposible destruírselo uno mismo. ¿Qué les ocurre a aquéllos cuyo y
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No hay contentamiento más cierto que el que no se puede quitar.
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Cualquiera puede quitarle la vida a un hombre libre, pero no la muerte; mil puertas abiertas conducen a ella
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se