El amor tiene dos momentos deliciosos, el primero y el último; lo malo es el tiempo que transcurre entre ellos.
Frases célebres sobre: ran. [Página 359]
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Cuando los sabios se enamoran parecen tontos; cuando se enamoran los tontos, parecen tan tontos como antes.
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Lo único que hace falta para que los hombres descubran el amor es tener demasiado cerca a una mujer; y lo único que hace falta para que este amor se disipe es seguir teniéndola demasiado cerca.
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Yo quisiera que mis hijas aprendan a defenderse, a entender a una futura sociedad más justa. Que sepan no hacer diferencias entre la gente, que sean normales, que quieran, que respeten al semejante. Esa es la herencia que les voy a dejar: concepción socia
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El deseo adquiere sentido cuando soy capaz de transformarlo en una acción
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Hoy, a mí lo que más me preocupa, por encima de la situación económica, es la violencia. La violencia en todas sus manifestaciones, desde la guerra a la intolerancia
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Libertad es pensar lo que pienso y no necesariamente lo que deberia sentir, o lo que otros hubieran sentido, o lo que esperan que yo sienta
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La libertad es ser quien yo soy no quien esperan que sea
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Muere un amor en mitad de la esperanza y un silencio sepulta su cadáver de pájaro
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Y más que cualquier dios, es creadora la esperanza del hombre
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Porque a mí me podrían arrancar el recuerdo como un brazo, pero no la esperanza que es de hueso y cuando me la arranquen dejaré de ser esto que te estrecha las manos
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Cada ausencia es la esperanza de un nuevo nacimiento.
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Los diálogos son admirables, tanto como los personajes que acompañan al protagonista, y las situaciones y sensaciones que se suceden son tan francas y espontáneas que cuesta abandonarlas y dejar de vivir en el genuino mundo de Fernández. Revista Ñ.
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Son pequeños detalles los que hacen grandes amigos.
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Cuando uno pierde la esperanza se vuelve reaccionario.
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La esperanza es el flujo de la vida. Cuando no hay lugar para la esperanza, es cuando surge la muerte
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Hay tanta plenitud en esta hora, tranquila entre las palmas de algún hado, que el curso del instante se demora lentísimo, cortés, enamorado.
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En la antigüedad el hombre africano vivía feliz y teníamos la tierra. Luego vino el hombre blanco con su Biblia. Y nos hizo soñar cerrando los ojos. Cuando los abrimos, el hombre blanco tenía la tierra y nosotros la Biblia
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¡Ah, qué suaves son tus labios! El beso que acabamos de atrapar es tierno y majestuoso como un gran árbol con un follaje nuevo.
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Nosotros no podríamos ser felices sin este amor de carne transparente: nos matarían las grandes cicatrices que nos puso el dolor sobre la frente.